Fusilerías

Fue tortura, no 'calentada'

Tortura es una palabra que no admite matices en español, derivada del latín, cuya primera acepción en el Diccionario de la Real Academia es "grave dolor físico o psicológico infligido a alguien, con métodos y utensilios diversos, con el fin de obtener de él una confesión, o como medio de castigo". También es "cuestión de tormento" y en su significado a partir del derecho, "delito por el que se castiga a las autoridades o funcionarios públicos que, abusando de su cargo, practican la tortura".

El Merriam-Webster Dictionary define "torture" como sustantivo que implica el acto de causar severo daño físico como forma de castigo o vía para forzar a una persona a hacer o decir algo. Es también, en inglés, algo que genera sufrimiento físico o mental, "una dolorosa y desagradable experiencia", así como la provocación de un dolor intenso (por fuego, aplastamiento, heridas) para castigar, presionar u obtener placer sádico. Su uso en esta lengua, asimismo derivado del antiguo francés y éste del latín, data del remoto 1540, aun si como verbo transitivo se conoce desde 1588.

En francés el significado va de la mano. "Sufrimiento severo al que se somete a alguien, físico o moral, y suplicio que se aplica a un acusado o a un adversario político durante su interrogatorio", y como sinónimos el diccionario Bescherelle no desentona con todas las anteriores acepciones: "sufrimiento cruel, suplicio". Es decir, como puede advertirse en esta selección de tres lenguas, la palabra tortura no tiene vuelta de hoja, no tiene matices.

En materia de derecho internacional, la Convención de Ginebra y protocolos adicionales, así como la Declaración Universal de Derechos Humanos y el Estatuto de Roma de la Corte Penal Internacional la prohíben. Esto alcanza a México, que por lo demás cuenta con leyes propias al respecto, si bien la práctica persiste, ya sea "aislada", como proponen las autoridades, o "catastrófica, generalizada, endémica y fuera de control", como plantean a la menor provocación Naciones Unidas, Amnistía Internacional y Human Rights Watch.

Así llegamos al caso de dos militares, hombre y mujer, y una policía federal pillados en una videograbación cuando torturan a una presunta delincuente en un apartado municipio guerrerense. Ojo. Cuando la torturan. No es una calentada ni nada por el estilo. Someter a una persona a una simulación de asfixia con una bolsa de plástico en la cabeza, mientras es golpeada e insultada, es tortura. Que las hay más severas, sin duda. Incluso hay psicológicas. Peor aquí hay tortura, no una calentada, aun si el secretario de Defensa se disculpó por el "repugnante, pero aislado" caso, sin mencionar la palabra.

Ahí hay diccionarios y leyes, para quien tenga dudas.

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