Fusilerías

Tolstói y Turguéniev: cartas de la ruptura

Lev Tolstói (1828-1910) fue un autor que cumplido el medio siglo tenía el mundo a sus pies. Menor que Turguéniev (1818-1883) y Dostoievski (1821-1881), se apartaba del primero, refinado como pocos, y de Fiódor, quien deambulaba en el otro extremo, epiléptico, apasionado, paranoico y, en palabras de Carlos Pujol, hasta "caricaturesco".

Ya publicadas para entonces sus obras mayores, Guerra y paz y Ana Karénina (este personaje interpretado en el cine por figuras como Greta Garbo, Jacqueline Bisset, Sophie Marceau y Keira Knightley), el autor entonces aclamado y señalado a la altura de Shakespeare, Moilère y Gógol entra en una crisis más allá de la depresión, que retratará en personajes de narraciones cortas como "La muerte de Iván Ilich", "El padre Sergio" y "Después del baile", con un compás en el que se unió a la iglesia, de la que después renegó.

Ese maestro de la lengua rusa, sin embargo, cultivaba el gusto por la correspondencia, en la que el lector contemporáneo encuentra otra faceta, la del hombre que podía sostener charlas con un discurso coloquial y parecía no tener temas vetados. Amor, guerra, viajes, literatura y aun una epístola al zar Nicolás II.

Selma Ancira seleccionó, editó, tradujo y publicó en 2008 un volumen representativo de las más de 10 mil cartas del genio ruso, en el sello Acantilado. "Muy pocos se atreverían a afirmar que la correspondencia de Tolstói es un modelo acabado de arte epistolar. No era un purista del género. Sin embargo, sus cartas son, por un lado, una fuente indiscutible de información sobre su vida y, por el otro, una parte esencial de su herencia literaria. Escribía a su familia y a sus amigos sin importar dónde se encontraba ni en qué circunstancias", se lee en el prólogo.

La relación de Tolstói con Turguéniev fue de altibajos, pero más allá del celo profesional que pudiera haber, sí existía una confianza del tamaño, por ejemplo, de lo que representa una confidencia de enamoramiento. En un viaje de París a Ginebra, en 1857, Lev escribe a su colega y compatriota una misiva firmada por "Conde L. Tolstói":

"Acabo de pasar un mes y medio en Sodoma y hay mucha mugre acumulada en mi alma: dos rameras, la guillotina, el ocio, la vulgaridad; usted es un inmoral, aunque lleve una vida más moral que la mía, pero en el transcurso de seis meses también usted debe de haber acumulado muchas, muchas cosas que no compaginan con su alma. (...) Entérese por favor de cómo van las relaciones entre Orlov y la princesa Lvova. (...) Tiene usted razón, Orlov seguramente será un buen marido, pero si no suceden así las cosas, dígame con toda sinceridad, ¿cree usted que una joven como ella se enamoraría de mí? Quiero decir, que no encuentre repugnante o ridículo que yo quiera casarme con ella. Estoy tan seguro de la imposibilidad de esta extravagancia que hasta escribirlo me parece absurdo. Pero si creyera en esta posibilidad, le demostraría que yo también puedo amar".

Esta peculiar amistad, llevada al extremo de la camaradería en asuntos como el amor, lindaría solo cuatro años después con la tragedia, cuando una serie de rumores insidiosos contra Turguéniev fue atribuida a Tolstói, quien quiso conciliar con una carta que envió a su enfadado colega vía un librero de Moscú. La misiva no llegó y el primero retó a duelo a Lev.

La respuesta fue breve y ejemplar: "Muy señor mío: En su carta califica mi conducta de deshonesta y además, personalmente, me dijo que 'me daría una bofetada'; por mi parte, le pido disculpas, me reconozco culpable y declino el duelo". La respuesta del retador llegó por una persona intermediara, Afanasi Afanásievich Fet, a quien Tolstói escribe después: "Turguéniev es un canalla al que habría que dar una paliza; tenga la bondad de hacérselo saber de la misma manera que me transmite sus deliciosas sentencias a pesar de que en repetidas ocasiones le he pedido que no me hable de él. (...) Le voy a pedir que no vuelva a escribirme, ya que en adelante no abriré ni sus cartas ni las de Turguéniev".

La ruptura ya no tenía marcha atrás, pero Turguéniev aún era tema en la correspondencia. En 1862, Tolstói escribe a Piotr Alexándrovich Pletniov que la novela Padres e hijos de Turguéniev era fría y no estaba a la altura de su talento: "No hay una sola página escrita de un plumazo con el corazón palpitante, y por tanto no hay ni una sola página que llegue al alma".

Aquí apenas una probada de Lev Tolstói: correspondencia, obra indispensable de 854 páginas publicada por Acantilado.

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