Fusilerías

"Terminator Génesis": viaje en el tiempo o "déjà vu"

El auditorio de la atracción Terminator 2, en el parque de diversiones Universal de Orlando, luce semivacío. Las filas para acceder a otros sets pueden durar horas, como el de Transformers, experiencia de realidad virtual en la que el turista solo extraña a Megan Fox a su lado para creer por completo que acaba de participar en uno de los filmes de la saga inaugurada por Michael Bay.

Terminator 2 debe haber sido el gran acontecimiento en su momento, con un juego de imágenes en tercera dimensión y actores en persecución, salvas y pura acción en 360 grados. Pero el futuro alcanzó esa atracción, basada en la secuela dirigida por James Cameron en 1991. Los niños la pasan genial, pero el adolescente y el adulto salen insatisfechos, con la impresión de haber participado en un espectáculo austero, indigno para un parque de la fantasía y la ciencia ficción.

Más allá de la tecnología y efectos especiales de punta con que cuenta, Terminator Génesis (Alan Taylor 2015), la quinta entrega fílmica del exterminador hoy en cartelera, es como una visita a Orlando y la figura principal, Arnold Schwarzenegger, la resume con una frase: “Soy viejo, no obsoleto”. Ironía involuntaria, la expresión refleja la escasa imaginación del libro cinematográfico escrito a ocho manos encabezado por el propio Cameron, que reparte guiños a las tres primeras películas en diálogos, persecuciones, personajes y un futuro incierto.

Agotada la fórmula del viaje en el tiempo, esta vez incluye una variante: el pasado ha sido alterado y Sarah Connor (Emilia Clarke), la heroína de los dos primeros filmes, ha dejado de ser esa dulce e indefensa mesera que se convierte en presa de un cíborg del futuro para ser una guerrera, ya consciente del peligro que afronta, acompañada precisamente por aquel exterminador, devenido mascota guardián bautizada como Pops (abuelo), cuya principal adaptación al mundo humano es una sonrisa tipo ícono de chat electrónico.

El héroe que salvará algún día a la humanidad de la inteligencia artificial engendrada en Skynet, John Connor (Jason Clarke), también ha mutado para dar un giro a la repetición de escenas que el consumidor de la saga sabe de memoria y que amenazan con prolongarse en una sexta entrega, a juzgar por el trillado final de la cinta. Las franquicias en Hollywood están hechas para exprimirse, como también ha constatado el espectador estas fechas con Jurassic World y Rápidos y furiosos.

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Pero fuera de los sets cinematográficos, ¿qué hay con la inteligencia artificial, por cierto? El veredicto del cosmólogo Stephen Hawkings es tan apocalíptico como el futuro presagiado en Terminator: “Las formas primitivas de inteligencia artificial, es decir, las que hoy tenemos, son útiles. Pero un desarrollo completo pondría fin a la raza humana”.

Sin embargo, expertos en la materia como Yann LeCun, director del Centro de Investigación de Inteligencia Artificial de Facebook, ven lejano e improbable, si no imposible, un escenario tipo Terminator o más aún, del corte de Matrix, la obra maestra de los hermanos Wachowski.

LeCun, citado por France Culture, dice: “En todas las novelas de ciencia ficción uno ve que los robots se rebelan porque quieren el poder o se convierten en asesinos por la amenaza de desconectarlos. Todo esto se genera por una especie de proyección de cualidades y defectos humanos en las inteligencias artificiales. Se les dota de un instinto de preservación, de celos, de deseo de poder, cuando no hay una sola razón para otorgárselos. Todo son pulsiones humanas que la evolución ha construido a fin de sobrevivir como especie”.

Eso sí, en unos 10 o 15 años, apunta LeCun, habrá nuevas máquinas que van a revolucionar la sociedad. Con todo lo que la palabra “revolucionar” signifique. Palabra de científico. 


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