Fusilerías

Sueños, vigilia e insomnio

Jorge Luis Borges tenía un hobby que da claridad sobre muchas incógnitas acerca de su obra. Solía pedirle a un sobrino que le contara sus sueños cada mañana. De uno de tales relatos, colige: “Para el salvaje o para el niño los sueños son un episodio de vigilia, para los poetas y los místicos no es imposible que toda la vigilia sea un sueño. Eso lo dice (...) Calderón: la vida es sueño. Y lo dice, ya con una imagen, Shakespeare: Estamos hechos de la misma madera que nuestros sueños”.

Borges no solo teorizó sobre el particular. Lo hizo tema de innumerables poemas y cuentos y, en más de uno, que la menguada memoria del fusilero es incapaz de recuperar por título, confiesa que le fue dictado, palabra por palabra, en un sueño. “Las ruinas circulares” es acaso la obra predilecta de su servidor, en la que un hombre se despierta a menudo para evitar ser devorado por las llamas, hasta que un día se da cuenta, en medio de las llamas, que está siendo soñado.

El sueño, empero, es un tema universal. En su blog de New York Review of Books, Christopher Benfey recupera algunos episodios del arte y la ciencia en los que la exaltación onírica manda. Paul McCartney, quien ayer reapareció con el lanzamiento de su álbum New, asegura que la canción “Yesterday” le fue dictada mientras dormía.

Cuando el beatle halló la salida del laberinto a la vigilia, fue directo al piano y tocó la melodía para no olvidarla. Después preguntó entre los suyos si no habían escuchado algo similar, temeroso de incurrir en plagio. Baste recordar que años después, su compañero George Harrison no tuvo la misma precaución y publicó una pieza de gran éxito, “My Sweet Lord”, que terminó en litigio, perdido por el guitarrista, por lo que las regalías de la canción le fueron ajenas hasta el fin de sus días.

Benfey recuerda a Friedrich August Kekulé (1829-1896), científico alemán que llevaba años trabajando sobre la estructura del benceno. Años después de su hallazgo, aseguró que llegó a él en el laberinto de un sueño en el que vio una serpiente mordiéndose la cola, el anillo simétrico que resolvió la fórmula de los enlaces de átomos de carbono. Y alude también a la ensoñación de Robert Louis Stevenson, quien decía haber concebido en ese estado la trama de Jekyll y Hyde.

Octavio Paz, en otro universo creativo, limaba versos más bien en las laderas del insomnio y la medianoche. “Quedo distante de los sueños. / Abandona mi frente su marea, / avanzo entre las piedras calcinadas / y vuelvo a dar al cuarto que me encierra: / aguardan los zapatos, los lazos de familia, / los dientes de sonreír/ y la impuesta esperanza: / mañana cantarán las sirenas.” Y en “Repaso nocturno”: “Toda la noche batalló con la noche, / ni vivo ni muerto, / a tientas penetrando en su substancia, / llenándose hasta el borde de sí mismo.”

En su célebre ensayo sobre la pesadilla, Borges concluye, al menos para esa noche en que da cátedra, que los sueños son una obra estética, quizá la expresión estética más antigua. “Toma una forma extrañamente dramática, ya que somos (...) el teatro, el espectador, los actores, la fábula.” Una segunda conclusión se refiere al horror de la pesadilla, peculiar, que puede expresarse, también, mediante cualquier fábula.

Sueño, vigilia, insomnio, creación…

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