Fusilerías

Sombras y monstruos

Por una bella antología de cuentos fantásticos del siglo XIX en dos tomos, seleccionados por Italo Calvino (Siruela), tuvo noticia el fusilero de una notable historia sobre la doble personalidad, el desdoblamiento, titulado "La sombra", autoría del danés Hans Christian Andersen (1805-1875), escritor de sobra conocido por sus títulos para el público infantil.

La sombra de un hombre sabio se aleja para permanecer cerca de la mujer amada, se independiza, hace fortuna y ya encumbrada en la alta sociedad se reencuentra con su antiguo amo, al que seduce primero y luego obliga para que lo acompañe de nuevo, pero ahora en calidad, la persona, de sirviente y sombra.

El tema del otro, ya tratado en este espacio con relatos de Borges y Dostoievski, Maupassant y Rimbaud, encuentra aquí otra veta, aunque con un resultado similar. "La sombra es un amo despiadado y enemigo, (porque) encontrar de nuevo la sombra supone una condena", apunta Calvino.

Este cuento fantástico, de aparente insignificancia, ilustra sin embargo una característica connatural al ser humano: la transformación a partir de un detonador externo. El humilde se vuelve ostentoso, el honrado se torna granuja, el decente ahora es monstruo (Twain), el pacifista se convierte en represor. Una película alemana, El experimento (Oliver Hirschbiegel 2001), basada en hechos reales a partir de un ejercicio de la Universidad de Stanford en 1971, da claves al respecto.

El equipo investigador lanza una convocatoria para hallar interesados, con paga de por medio, para participar en un experimento psicológico en un simulador de prisión segura. Un grupo de 12 civiles tendrá el papel de custodio y otro de ocho fungirá como la comunidad de reos. Al paso de los días el poder muta a esos desempleados devenidos carceleros, cuya autoridad, sostenida con uniformes y herramientas de control, da pie a una brutal represión de insospechadas consecuencias.

La versión estadunidense (Paul Sheuring, 2010) agrega un ingrediente imperdible: Adrien Brody, como líder de los presos en rebelión, y Forest Whitaker en el papel del salvaje represor, en un feroz duelo de sus personajes, sí, pero también de actuación, para recrear este experimento que se salió de control de los investigadores, y si bien acabó en un desastre, arrojó valiosos datos sobre la conducta humana frente a situaciones extremas y el poder.

Acaso usted haya escuchado en algún momento aquella frase, en relación con alguna persona, de "no es ni la sombra de lo que fue", cuyo origen desconoce el fusilero, pero que ilustra a la perfección, como el cuento de Andersen, esa metamorfosis de un hombre que termina siendo prisionero de su fantasma, otrora agazapado en espera de un detonante que lo lance a la luz, así sea, como en el caso del sabio del relato, primero como una magra escultura de Giacometti, después como un opulento tirano de su propio yo.

"El infierno es el otro" es la fórmula de Sartre en A puerta cerrada; "Yo es otro", escribió Rimbaud, frase celebrada por sus lectores y de la que él se distanciaba, atribuyendo la cita a los autores de los libros sagrados de la India. El Horla es el enigmático ente que Maupassant impone a su personaje, un hombre rico perseguido así desde el mar hasta la locura, y el "doble" trazado por Hoffmann, maestro y pionero del drama psicoanalítico en la literatura, abandona su imagen en el espejo de la casa de una hechicera.

La sombra del cuento de Andersen, resume Calvino, atiende un aspecto esencial: la amargura pesimista respecto a sí mismo.

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