Fusilerías

Socialismo del siglo XXI

Un auto Porsche en un aparador, decenas de chicas en minifalda tomando selfies, edificios que literalmente hacen justicia a la clasificación de rascacielos, jóvenes en patines con audífonos o hablando a voz en cuello por sus teléfonos inteligentes a lo largo de un mirador parecido a un malecón en un contexto arquitectónico de corte alemán.

A unos pocos kilómetros de este espacio bautizado Bund, por su herencia germana, un área de 28 mil metros cuadrados alberga un experimento lanzado en septiembre pasado y que ya pasó su primera prueba semestral de productividad, eficacia y rendimiento: la zona de libre comercio, que, de convencer a sus promotores, será lanzado, “sin duda”, a todo el país.

Este escenario de aparentes capitalismo y liberación económica no es, como pudiera pensarse en primera instancia, el puerto de una nación occidental. Es la región comercial de la China socialista que recibe inversión privada, nacional y extranjera, facilita todos los trámites para la apertura económica y, en concordancia con su cultura de símbolos y eufemismos, asegura que no siembra semillas para ver crecer árboles bonsái, sino para detonar el desarrollo y afianzar su crecimiento de ocho por ciento en promedio de los últimos 30 años.

Pero Shanghái no es un caso excepcional. Hoy la superpoblada Pekín es una ciudad en auge económico en la que abundan negocios, grandes centros comerciales con tiendas como Zara, Mango, Hugo Boss, Armani y Dolce & Gabbana, junto a cadenas restauranteras como Kentucky
Fried Chicken, McDonald’s y Starbucks. Los autos Audi, Mercedes Benz y Buick reinan en las grandes e impecables avenidas de esa capital que, azotada por la contaminación ambiental (esmog y ruido), vive libre de dos factores comunes en otras grandes urbes. Aquí no hay limosneros ni basura.

Los líderes de esta nación se esfuerzan en explicar por qué han entrado de lleno al libre mercado con figuras y símbolos emanados del más reciente congreso del Partido Comunista (PC). Ellos lo llaman “socialismo con peculiaridades chinas” en busca del “sueño chino”, y su objetivo es que los beneficios de esa apertura económica lleguen cada vez a más población no urbana, en tanto que las reformas políticas avanzan, pero a un paso lento que no tiene comparación con la velocidad con que las leyes del mercado se han instalado y cobran vida propia.

El fusilero echa una mirada al pasado reciente y lanza una teoría en voz alta. Los chinos aprendieron del desastre soviético, por lo que emprendieron la perestroika, la liberación económica, y se tomaron con calma la glásnost, la transformación política. De ahí que el partidazo mantenga un control absoluto. Li Jinlhe, mando del Instituto Central del Socialismo del PC chino, no tiene dudas: “Aquí primero es el partido y luego la nación”. Y sobre la eventual competencia de otros grupos, dice ufano: “Hay ocho partidos democráticos y amigos a lo largo de China”.

Intrigado por el énfasis en los adjetivos “democráticos” y “amigos”, el fusilero se permite preguntar: “¿Acaso hay partidos paralelos al PC no democráticos y enemigos?”. La respuesta del líder partidista es simple: “No”. Y para que no haya dudas, expone la definición de “política” de Mao Zedong: “Se trata de ensanchar la masa que nos apoya y reducir a la que se opone”. La aplicación de este concepto, qué duda cabe, ha sido ejemplar en China.

El viceministro del Departamento Internacional del PC, Ai Ping, respondió a pregunta directa que Pekín no tiene interés alguno en exportar su “socialismo con peculiaridad china” ni su “sueño” correspondiente, por lo que no deja de ser por lo menos inquietante que su Academia de Liderazgo Ejecutivo en Pudong, Shanghái, entrene a cuadros, políticos y empresarios de 123 países, según cifras de la dirección de esta escuela, que es un auténtico campus con instalaciones de primer nivel, cómodos dormitorios con refrigerador y televisor, varios comedores, un gran gimnasio, alberca y áreas verdes. La envidia de cualquier universidad. Más aún: el PC tiene relación con 60 partidos de 160 naciones.

Hay, empero, un dato que da más luces sobre esta apertura que nadie puede disimular: en el moderno puerto de Qingdao, perteneciente a Shandong, ya se venden terrenos junto a la zona del malecón con precios que van de 10 mil a 50 mil dólares el metro cuadrado. China llama a esto “socialismo del siglo XXI”.

 

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