Fusilerías

Shandong, la Atenas de China

Con cuatro nombres en su lista de personajes ilustres, la gigantesca provincia de Shandong bien puede considerarse la Atenas de China: Confucio, Mencio, Sun Tzu y Mo Yan.

Confucio es la fórmula latinizada de Kingzi o Maestro Kong. El traductor y ensayista Joaquín Pérez Arroyo sostiene que su nombre personal era Qiu y, según las fuentes tradicionalmente aceptadas, nació en 551 a. C. y murió en 479 a. C. Se sabe que la redacción de las Analectas no corresponde a esas fechas, por lo que se cree que las enseñanzas del sabio se transmitieron por medio de la palabra de sus discípulos.

Uno de los sitios más emblemáticos de esta provincia es el Monte Tai, declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1987. Su pico, conocido como Emperador de Jade, está más allá de los mil 500 metros de altura y hay varios templos en el ascenso, que en la actualidad se consuma en dos partes. Primero por un teleférico con cabinas para cuatro personas y después a pie, en un recorrido que bien puede considerarse como en una pequeña Muralla China. Ese camino, en las distintas condiciones que ya podrá el lector imaginar, lo hicieron Confucio y Mao Zedong.

En la parte a pie, el visitante comienza a darse cuenta de la dimensión de la altura no por el largo recorrido a bordo del funicular, sino porque la neblina comienza a ascender e inundar el camino y las plazoletas que están muchos metros debajo de la primera escala, un mirador que permite apreciar un boscoso y lluvioso entorno. Más arriba hay un adoratorio que llaman el Templo de la Princesa de las Nubes Azules, donde el creyente puede pasar a hincarse junto a religiosos y rezar de acuerdo con la tradición taoísta frente a una deidad ataviada con prendas y corona amarillas.

En otro punto de esta populosa provincia está Qingdáo, puerto “hermano de Acapulco”, y ciudad modelo china en varios departamentos, como civilización, higiene, áreas verdes, cuidado ambiental, calidad de vida y deportivo, además de figurar en el top 100 mundial como destino turístico. La presencia alemana del pasado quedó plasmada en un circuito arquitectónico que la distingue del resto del país, quizá con excepción de Shanghái, y es un centro comercial poderoso por su ubicación justo entre el Pacífico y el Mar Amarillo.

Su anterior escritura latinizada, Tsingdáo, le da nombre a una popular cerveza. Por eso, cuando el fusilero tuvo oportunidad de intercambiar unas palabras con las autoridades del puerto, dijo que la visita a Qindáo no era su primera experiencia con el nombre, ya que días antes había consumido algunas botellas de esa marca en Pekín mientras veía, en la medianoche china, el partido de México ante Camerún, con la adversidad de la afición local, que festejaba toda jugada del 11 africano mientras degustaba, entre otros platillos típicos, alacranes y demás bichos asados.

El intercambio también dio espacio para hablar de sus grandes escritores, del sabio fundacional al Premio Nobel de Literatura 2013, autor de Sorgo rojo, con unas cuantas frases, porque el funcionario debía atender personalmente y brindar con cada uno de sus invitados, que era una decena de académicos y periodistas de América Latina que recorrió algunas de las más importantes ciudades a fin de conocer a detalle el programa de gobierno denominado El Sueño Chino y su socialismo con peculiaridades chinas.

La interpretación del fusilero, que motivó algunos gestos de sus anfitriones, fue que podía resumirse como perestroika sin límite y glásnot a cuentagotas.

La escala en Shandong, la Atenas de China, fue parte de ese periplo en el que el visitante pudo atestiguar, entre otros muchos elementos, cómo esta nación se erige aún sobre aquella sentencia de Confucio: “El hombre superior es universal y no se limita, el hombre vulgar se limita y no es universal”.

 

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