Fusilerías

Roqueros tocando las puertas del Paraíso

El hombre y la mujer del rock, desenfadados, disidentes, contestatarios, a veces hasta progresistas y ambulantes en la senda de los excesos en su mayoría, con discursos y versos de adoración a lo diabólico en sus diversas manifestaciones, también suelen acudir no pocas ocasiones a imágenes de estadios que, en teoría, les deben ser inaccesibles, como el Paraíso en la interpretación actual, aunque viables si se echa un vistazo a sus probables ancestros, como es el poeta Dante y su portentosa obra Divina comedia.

"A mitad del camino de la vida /yo me encontraba en una selva oscura, /con la senda derecha ya perdida", se lee en el Canto I, y el traductor Ángel Crespo nos hace ver que el autor, entonces de 35 años, vive en el mundo del pecado o en un estado de confusión mental, desprovisto de la virtud, pero una vez franqueado el Infierno ha de llegar al Paraíso, "reino de la música, de la poesía, de las artes visuales, de los contrastes de sombra y luz, de la serena virilidad y de la más tierna de las feminidades".

Bob Dylan lanzó la épica rola "Knockin' on Heaven's Door" en 1973 y no fueron pocos quienes la hicieron suya con covers de variadas calidad y originalidad, entre los que destacan la exquisita pieza de Eric Clapton y la electrizante versión de Guns n' Roses, con la poderosa combinación de Axl Rose en la voz y Slash en las cuerdas. Clapton, sin embargo, sabía que el Paraíso no es un lugar para alguien con su hoja curricular, como lo deja nítido en la canción que escribe para su pequeño hijo, víctima de un trágico accidente: "But I know /I don't belong /here in Heaven".

Pero los personajes del rock toman ciertas decisiones cuando han franqueado eso que Dante llamaba "la mitad del camino", acaso porque la mercadotecnia propia de la industria musical los hace piezas de su ajedrez, acaso porque la vejez ha ablandado sus otrora metaleros, oscuros, irreverentes corazones. Nada más basta recordar el entretenido intercambio entre Sammy Hagar, hoy casi por cumplir la otra mitad de la vida, 70 años, para usar la tabla del florentino, y Eddie Van Halen, enemistados entre otras razones por el desprecio del guitarrista a su antiguo bajista, Michael Anthony.

El célebre cantante, sucesor de David Lee Roth en la voz de la banda californiana en algún periodo, ha cerrado el capítulo del desencuentro con un mensaje de felicitación vía Twitter a Eddie por su cumpleaños ante el desconcierto del respetable. ¿Por qué cambió de opinión? No, no sea usted malpensado, no vaya a creer que esas leyes de la industria y la mercadotecnia antes aludidas llevaron al rubio cantor a engullirse su orgullo en aras de algún beneficio económico o a una eventual reunión de aquella formación para hacerse de algunos dólares en las postrimerías de su vida. No. Simplemente que a punto de convertirse en septuagenario, atisba el final de sus días y no quiere irse con resentimientos ni enemigos. Es decir, ya se siente tocando las puertas del Paraíso.

Dice Hagar que las muertes de Glenn Frey, el fantástico guitarrista de The Eagles, y de David Bowie, el hombre que cayó a la Tierra, lo conmovieron a tal punto que ha hecho a un lado la defensa de su camarada bajista, con quien trabaja en la actualidad, y está dispuesto a firmar con Van Halen eso que otra tradición roquera llamaba en la prehistoria "amor y paz". En el camino hacia la zeppeliana escalera al cielo no hay argumento que valga para impedirle marcha atrás. El arrepentimiento está en proceso, primera condición para llegar a su objetivo. Ah, la promesa del Paraíso sigue tan vigente a 700 años de Dante.

Mortales todos al fin, apocalípticos e integrados por igual, para usar la fórmula de otro gran italiano, Umberto Eco, ayer desaparecido, hay empero quienes parecen firmes en una ruta contraria, como Mick Jagger y Keith Richards, legendarias figuras del rock que lucen perennes y prestas a desafiar todo destino distinto a aquel en el que sean recibidos como Sus Satánicas Majestades. Cosa de simpatías por la entidad que les abra las puertas del Infierno, acaso el propio Caronte, "monstruo cuya mirada abrasa", si hemos de acudir al verso de Dante.

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