Fusilerías

Redes y legiones de idiotas

Como parte de la promoción de su nueva novela, Número cero (Lumen 2015), Umberto Eco aprovechó el viaje para hablar sobre los temas que domina, más allá del literario, y declaró en una entrevista con La Stampa: "Las redes sociales le dan derecho de hablar a legiones de idiotas que primero hablaban solo en el bar después de un vaso de vino, sin dañar a la comunidad. Ellos rápidamente eran silenciados, pero ahora tienen el mismo derecho a hablar que un Premio Nobel. Es la invasión de los imbéciles".

Los primeros ofendidos no fueron los ebrios, por cierto, sino los idiotas legionarios, que tundieron por la vía obvia, las redes sociales, al semiólogo italiano, experto también en medios de comunicación, quien agregaba en aquella charla: "Si la televisión había promovido al tonto del pueblo, ante el cual el espectador se sentía superior, el drama de internet es que ha promovido al tonto del pueblo como el portador de la verdad".

Hay que recordar, en favor del autor de El nombre de la rosa, que él jamás se ha manifestado por regulación alguna de este nuevo medio de comunicación ni abjura de su avance, que es imposible en la era digital, pero sí ha expresado que deben reconocerse los riesgos evidentes que conlleva y por eso hay que decidir cómo acostumbrar y educar a los jóvenes a usarlo de una manera crítica.

Mal haría el nacido en Alessandria en llamar a frenar un medio fundamental del progreso si nos atenemos al aserto de un monje medieval, en la novela antes citada, que intenta mantener en secreto algunos libros albergados en la biblioteca de una antigua abadía con un argumento de escalofrío que el fusilero cita de memoria: "El conocimiento no es para difundirse, sino para preservarse". Distante, pues, de aquella máxima de Bacon: "Para el conocimiento nunca es suficiente".

Incluso en términos del funcionamiento del cerebro, se sabe que su capacidad de almacenaje, si bien es limitada, siempre podrá hacer espacio para el conocimiento nuevo, pues desecha aquellos aprendizajes que ya no utiliza.

Así llegamos de nuevo al tema tratado ayer en este espacio, una encuesta sobre consumo de medios digitales, cuyos resultados engañaron a más de uno, pues sostiene que los jóvenes mexicanos sí leen, lo que sea, pero sí leen. Ese "lo que sea", al que acude ocho de cada 10, va desde charlas en redes sociales hasta libros electrónicos.

Y se comentaba que quien antes de la era digital leer "lo que sea" significaba que tenía en sus manos un medio impreso, cuya naturaleza lo obligaba, como hasta ahora, a tener un cuidado en la forma, en la edición, en el uso adecuado de las palabras, la ortografía, la gramática, sin importar si era un libro, un periódico o un tríptico.

Ese trabajo sobre un producto destinado a la imprenta daba al lector de cualquier grado académico la posibilidad de aprender, más allá de los contenidos, ortografía, pues las palabras escritas quedan impregnadas en el que las mira sin importar si conoce reglas de acentuación o las diferencias entre agudas, graves y esdrújulas.

La oferta digital de este tiempo nuevo, en la que hay "de todo", es diferente, pues existen libros electrónicos de clásicos y contemporáneos, páginas de centros de estudios, portales de noticias de medios generadores de contenidos con una reputación que cuidar y muchos sitios con un prestigio inobjetable, pero abundan las legiones de idiotas, de las que habla Eco, que invaden Twitter, Facebook y toda red social a su alcance para decir sus verdades sin el menor rigor, ya no digamos solo en sus afirmaciones, sino en el cuidado del lenguaje, y me refiero a las reglas de la escritura, no al eventual uso de expresiones que alguien conservador pudiera considerar impropias o soeces.

Qué bueno que todo mundo tenga un espacio para expresarse, bienvenida la era digital, pero cuánta razón tiene Eco cuando llama a educar en el uso de este medio.

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