Fusilerías

Rapiña: de Platón a Los Cabos

John Stuart Mill (1806-1873) escribió que el ser humano se distingue ante todo por su capacidad de elección. “Esta cualidad sustantiva sustrae al hombre de la naturaleza, le aleja de ella para incorporarlo al reino de la cultura. En consecuencia, es impredecible; su misma condición hace que continuamente tengan que renovarse los fines de la cultura y que todo cuerpo social de normas que intenten sujetar o reducir su soberanía le sea extraño.”

Mucho antes Platón (428-347 aC) había sostenido la tesis de que un hombre bueno, impoluto, común, transgredirá las leyes o costumbres que rigen su entorno si ve la posibilidad de consumar sus actos sin ser pillado. Con base en este planteamiento, el cineasta holandés Paul Verhoeven tejió su filme The Hollow Man (El hombre sin rostro, 2000), en el que un joven y exitoso científico (Kevin Bacon) halla la fórmula de la invisibilidad y, probada en él mismo, cae pronto en la tentación de violar y matar sabiéndose impune.

Hoy el escenario recurrente de los días de tragedia, por los fenómenos naturales, dan vigencia a las reflexiones de estos pensadores indispensables. Hoy, a causa de la devastación originada por el huracán Odila en Baja California Sur, la opción de la rapiña, el saqueo de bienes en medio de la destrucción, ha reaparecido frente a la tardía respuesta de las autoridades.

Usted, amable lector, argumentará acaso en apoyo de los damnificados que no les quedaba otra opción ante la escasez de agua, alimento, energía y cobijo. Quizá respaldará, junto con los soldados y marinos que observaban el despojo afuera de las tiendas de autoservicio, que los dueños de las empresas dieron “permiso” para que la gente afectada se hiciera de víveres para paliar la contingencia.

Frente al desabasto y el aislamiento que dejó el meteoro, pues, resulta comprensible que la población busque sustento. Entrevistado por la enviada de MILENIO, Alma Paola Wong, un militar adujo que solo tenía la instrucción de evitar que la gente robara bebidas alcohólicas por la eventual problemática que un grupo de ebrios agregaría a la de por sí difícil situación. Se entiende, por supuesto, la supervivencia. Pero la rapiña no paró ahí, como es costumbre cuando estas desgracias le dan paso.

 Porque ya hubo detenciones y “estados de sitio” debido a que hombres que llevaban una vida común, trabajadores, habitantes sin antecedentes penales, frente a la emergencia, fueron más allá de la búsqueda de sustento. Cargar con pantallas televisivas, por ejemplo. Ingreso a casas y hoteles para saquearlos. Frente a la oportunidad de salirse con la suya en medio del caos, la tentación fue mayor. Hicieron una elección impredecible dada su historia, como escribió Stuart Mill, con la firme creencia de que nadie se enteraría. Y confirmaron la tesis de Platón en un escenario del siglo XXI.

Bajo el amparo de escenarios imprevistos, por cierto, el secretario de Gobernación dijo ayer que las acciones de prevención no pueden incluir la movilización del aparato federal correspondiente, ya que los huracanes suelen cambiar de dirección, de ahí que el apoyo tardara entre día y medio o dos, y así lo manda el protocolo. Y sostuvo: “La rapiña ya fue controlada. Hay un control total de Los Cabos. Son 19 los detenidos”.

Quizá sea momento de cambiar los protocolos, entonces. Hoy los avances en meteorología dan cuenta pormenorizada del paso de estos fenómenos, con imagen satelital e interpretación de los expertos en todo momento. Si se suma a estos factores la experiencia, la historia de devastación que dejan los huracanes cada año, es imperativo hacer ajustes a los manuales, porque tardar dos días frente a una emergencia como la de Los Cabos es abonar a la crisis.

 

www.twitter.com/acvilleda