Fusilerías

Paz y la izquierda

La noche del lunes tuve la oportunidad de intercambiar unas palabras con un mando perredista, en ascenso, a propósito de la sucesión en su partido. En el centro de la breve conversación, comentó que por la mañana había recibido un regalo en su oficina, cuyo remitente es un poderoso empresario que se dedica al negocio del pan. Me guardo los nombres porque no fui autorizado a divulgarlos, aunque el contenido de la anécdota es ilustrativo de una tradición que no muere entre las élites mexicanas.

El empresario, pues, envió a la oficina del político un libro reciente, autoría del ex presidente español Felipe González. El tema que más atrajo la atención del perredista, en la vista que pudo echarle al vuelo ese día, fue la receta que González recomienda a la izquierda, y que según mi entusiasta interlocutor (había otros cuatro periodistas en la oficina) abriría un intenso debate en los partidos mexicanos.

Palabras más, palabras menos, platicó el líder perredista, González recomienda a la izquierda abandonar el discurso de la protesta y asumir el compromiso de la propuesta. Lo dijo, hay que enfatizarlo, con el entusiasmo de quien recibe la luz de una revelación, de un argumento inédito, de una teoría novedosa que revolucionará el mundo de la política y obligará a agregar un apartado en el diccionario en la materia del desaparecido Norberto Bobbio.

-Discúlpame -le comenté ante el prudente silencio de mis colegas por la “revelación”- pero eso lo dijo Octavio Paz hace 40 años y la izquierda lo quemó en leña verde.

El político se tomó la barbilla unos segundos y concedió:

-Eso es cierto.

Ese día la Cámara de Diputados, renuente y reincidente a poner el nombre de Paz en letras de oro en su recinto, homenajeaba al poeta, colgada en los actos con motivo del centenario de su nacimiento, como lo hizo días después el Senado.

La sorpresa, al día siguiente de la conversación aquí resumida, es que por la mañana Jesús Zambrano, dirigente de salida en el PRD, repitió como propia la “revelación” compartida por el político en ascenso, y con similar entusiasmo. La izquierda “moderna” y la iniciativa privada que la quiere “educar” tienen cuatro décadas de rezago, una laguna ilustrada con esta instantánea que debería preocupar a todos.

Durante los foros en el Colegio de México sobre la obra de Paz, Héctor Aguilar Camín expuso el jueves que lo que molestaba al poeta de la izquierda “es que los veía tan ciegos como él había sido dos generaciones antes”, y ese pleito “bien podría verse ahora como uno de familia entre un abuelo escarmentado y lúcido, pero regañón, y unos nietos inexpertos y miopes, pero desafiantes y demasiado seguros de ellos mismos”.

En Itinerario, Paz escribe sobre estos desencuentros con la izquierda a partir de su rompimiento con el proceso comunista de la entonces Unión Soviética y sus satélites en el mundo, incluida Cuba. Pero el poeta no solo se deslindó de sus antiguas convicciones, sino que confrontó esas ideas que en el pasado había compartido con escritores como Jean Paul Sartre. En una época de polarización, los grandes pensadores tomaban partido como fuerzas en pugna de lo que se llamó la guerra fría.

El mayor desencuentro de Paz fue con la izquierda mexicana, que lo satanizó en masa, si bien fueron pocos los que llegaron a debatir con él. En la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales de la UNAM, por ejemplo, se solía repetir en aulas y pasillos, en la época de los 80, que era un gran literato, pero despreciable como ensayista político. Y conste que, pese a haber servido al gobierno como embajador, siempre fue crítico del PRI, y quizá por eso fue desconcertante, en el ocaso de su vida, que dedicara generosas líneas para Carlos Salinas, el monstruo favorito de la izquierda después de la fraudulenta elección de 1988.

Sin embargo, se dio tiempo para elogiar la prosa del subcomandante Marcos, entonces estandarte de la izquierda, quien ya había deslumbrado a otros escritores de élite como Gabriel García Márquez, José Saramago y Carlos Fuentes. Hoy, pues, parece que algunos autores menores y varios sectores de la izquierda empiezan a procesar las ideas de Paz y hay una especie de reconciliación, tardía en décadas, como lo ilustra la instantánea relatada líneas arriba.

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