Fusilerías

Papa: diplomacia a prueba

El papa Francisco ha adelantado desde que venía a bordo del avión a México hacia dónde marca su brújula: dice que sí hablará de derechos humanos, tema a debate aquí por casos que van de Tlatlaya a Iguala, de Tierra Blanca a San Fernando, y envía sus condolencias a los deudos de las víctimas de la matanza en el penal de Topo Chico, perpetrada apenas dos días antes de la llegada del visitante.

La señal es inequívoca y acaso sea esa la razón por la que, como comentamos ayer en este espacio, el gobierno federal hiciera énfasis en que el papa puede hablar de todo y que no hay temor por su visita y sus declaraciones. Faltaba más, dirá el también jefe del Estado Vaticano, quien, por lo demás, no es el más estricto en eso de la diplomacia.

Piero Ostellino, coautor del Diccionario de política (Siglo XXI Editores), recuerda que frente a la invasión de la diplomacia política, la llamada open diplomacy, que es multinacional, se requiere que el diplomático de profesión hoy sea sobre todo un correcto informador. Pero si Francisco no es un modelo de la diplomacia quizá se deba precisamente a que sí es un corrector informador en cuanto a emisor de mensajes.

¿En qué sentido? Sobre todo político. Y tiene la ventaja de que nadie se quiere pelear con él. Baste recordar aquella expresión de que Argentina debía evitar la "mexicanización", en referencia al avance del tráfico de drogas en su país de origen, que apenas valió una nota de José Antonio Meade, entonces canciller, en la que llamaba a no estigmatizar. El Vaticano respondió que Francisco nunca tuvo esa intención y que reconoce el esfuerzo del gobierno contra los cárteles, que ama a los mexicanos, pero no se desdijo.

Cuando meses después el fusilero tuvo oportunidad de conversar con integrantes del equipo del ahora presidenciable secretario de Desarrollo Social, ninguno recordaba algún roce de la cancillería, todo iba de maravilla y ni quién tuviera en la memoria aquel episodio. Vaya, ni del lío con los chinos por el escándalo de la licitación cancelada por el tren rápido a Querétaro se acordaban.

Porque este gobierno no había querido abrir flancos en el exterior hasta ahora que, ya con Claudia Ruiz Massieu a cargo, se animó a recibir a Lilian Tintori, la esposa de Leopoldo López, el opositor chavista encarcelado en Venezuela, una vez que la gestión de Nicolás Maduro se ha debilitado y está en aprietos por la catástrofe económica. Pero aquí se prefiere la cautela, la diplomacia, digamos.

Por eso no se confronta de forma abierta con el equipo de expertos de la Comisión Interamericana de Derechos Humanos, dependiente de la OEA, por el caso Ayotzinapa, pese a las múltiples provocaciones de ese grupo, que goza de no pocas simpatías en México. Si el gobierno de Enrique Peña Nieto se resiste a pelearse con ellos, menos con el papa, diga lo que diga durante su gira que hoy empieza.

Ahora, ¿qué puede decir que no haya dicho? Ya usó el término "mexicanización" para hablar del avance del narcotráfico y ya expresó que "México vive su pedacito de guerra", que apenas le valió una tímida descalificación del secretario de Gobernación, comentada aquí la semana pasada. "La mejor información de México la tendrá cuando llegue", señaló el funcionario, como si Francisco no fuera informado por sus hombres aquí o, peor, que estuviera malinformado o desinformado.

Ya veremos qué dice el visitante en Ecatepec, municipio mexiquense azotado por la violencia; en Juárez, hasta hace no mucho tiempo "la ciudad más peligrosa del mundo" en las clasificaciones internacionales; en San Cristóbal de las Casas, con el horror de la pobreza y de los abusos a los migrantes centroamericanos; en Morelia, presa de la lucha de los cárteles...

La diplomacia de Francisco a prueba.

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