Fusilerías

“Normalidad” democrática en Guerrero

Durante la visita de un grupo de periodistas e intelectuales de América Latina a Pekín en junio pasado, uno de los principales dirigentes del Partido Comunista prodigaba elogios sin límite a la democracia china, con el argumento de que hay “ocho partidos amigos” con representación en los distintos órdenes de gobierno.

El énfasis del anfitrión en el carácter “amistoso” de las ocho contrapartes del PC motivó al fusilero a preguntarle si la intención de subrayar esa camaradería tenía que ver con que también hay partidos “enemigos”, a lo que respondió: “No, ninguno. Y aquí primero es el partido (el PC) y después la patria”. De un plumazo deshizo su propio argumento.

Es decir, se habla de “normalidad democrática” aquí y en China.

Hoy en México se habla de “normalidad democrática” a partir del derecho a votar y ser votadas de las mujeres, del reconocimiento de los partidos de oposición al PRI, del ingreso de políticos de distinta militancia al Congreso de la Unión, de la creación del Instituto Federal Electoral (ahora INE), de la coexistencia, pues, de distintas ideologías que compiten en igualdad de circunstancias y de la apertura de los medios de comunicación a todas las expresiones.

Sin embargo, en este paraíso de la democracia, hoy esa “normalidad” (que, por supuesto, implica confrontación, debate, competencia, lucha y acusaciones de toda índole) enfrenta la amenaza de que en Guerrero no haya elecciones, pese a que el secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y el consejero presidente del INE, Lorenzo Córdova, opinen lo contrario.

El fusilero se pregunta cómo operará la “normalidad democrática” en ese polvorín, cuando hay marchas todos los días contra el proceso electoral con amenazas de impedir la instalación de casillas, no cesan las protestas por la barbarie de Iguala, prosigue la inseguridad, asesinan candidatos y los capacitadores comiciales deben hacer su trabajo a escondidas, disfrazados.

Donde no existe la “normalidad democrática”, ¿qué planea el gobierno federal, una vez que el estatal está rebasado y su gabinete no se pone de acuerdo? ¿Reprimirán las fuerzas de seguridad a quienes no dudan en boicotear la elección? Imagine usted el costo de imponer de esa manera la “normalidad democrática”.

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