Fusilerías

El Michoacán pretoriano

Un aspecto importante del poder de Augusto, cuenta Isaac Asimov, fue su absoluto dominio sobre todo el ejército, que solo obedecía a él, pues solo él tenía el dinero para pagarle. Esparció en Italia 10 mil soldados, que constituyeron la guardia pretoriana, privada, del emperador. Su nombre se deriva de la voz “praetor”, dado entonces a un general que usaba un grupo de milicianos como su guardia personal.

El fusilero vuelve a estos tiempos del Imperio Romano para exponer el punto de que los políticos parecen no haber aprendido nada de la historia. Ante una Roma asediada por las extorsiones, que amenazaba con sucumbir a la anarquía, a una guerra de facciones como la que golpeó a Alejandro Magno tres siglos antes, Augusto otorgó a los gobernadores provinciales un generoso sueldo, con la condición de que todo indicio de aceptar o exigir sobornos sería castigado con severidad.

Escribe Asimov: “Antes, los sobornados sabían que el Senado se haría de la vista gorda con ellos porque cada senador había hecho lo mismo en su momento o pensaba hacerlo en la primera oportunidad. Mas el emperador no tenía necesidad alguna de sobornos, pues ya era el hombre más rico del imperio. En verdad, cada moneda robada por un funcionario corrupto era dinero que se birlaba al tesoro del emperador, por lo que no cabía esperar que Augusto mostrase ninguna clemencia”.

Con medidas como esa, Augusto gobernó Roma durante 45 años después de conquistar el poder, en la prosperidad y, “al menos internamente”, en la paz.

Pero los políticos no aprenden. Quizá porque no conocen la historia, más seguro porque no leen. Ya conocemos el caso emblemático de este sexenio, cuando aún no comenzaba. Pero siempre queda la pregunta: ¿Y los asesores? Porque aquí y ahora ganan salarios, en proporción, como los que Augusto determinó para los gobernantes de aquella época. O más, mucho más.

Hoy Michoacán está sumido no solo en la violencia del narcotráfico y la extorsión. Ahora también en una lucha de facciones que parece desbordarse. El Presidente decidió enviar a un civil en calidad de auténtico “praetor”, Alfredo Castillo, conocedor de las artes policiacas por su paso como procurador mexiquense, cobijado por las fuerzas federales y sujeto con alfileres su papel legal, que sobrepasa a toda vista al del zalamero gobernador Fausto Vallejo, quien, con una salud endeble, se aferró a volver solo para embadurnar de elogios a sus presuntos protectores.

Si el rol de Castillo en esta espiral involutiva era, como ha dicho Enrique Peña Nieto, restablecer las condiciones de paz idóneas para reactivar la producción de una entidad contra las cuerdas, no puede saber el espectador, menos los habitantes de ese lugar, cuándo comenzará a actuar, porque hoy solo es perceptible su talante policiaco, primero como aparente mediador en un conflicto entre civiles ilegalmente armados, y después, vaya despropósito, tomando partido por una de las bandas en conflicto.

Castillo “acordó” con la “justicia” michoacana a sus órdenes instalar un Ministerio Público móvil para justificar, horas más tarde, la aprehensión de uno de los líderes en pugna, Hipólito Mora, a fin de satisfacer la sed de sangre de las autodefensas rivales, encabezadas por otro rijoso conocido como Simón El Americano. Nunca informó el gobierno federal que su “virrey” iba con la encomienda de depurar el panorama armado y definir entre “buenos” y “malos”.

Hoy la ocupación de Michoacán ya no solo se pinta del color templario, el verde militar y el blanco de la Marina. Hoy abundan, además, el negro de la Policía Federal y el multicolor de las distintas expresiones de hombres armados que, con las fuerzas federales enfrente, desafían los dichos del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, y del procurador general, Jesús Murillo Karam, quienes juraban todavía hace algunas lunas que no se permitiría una sola toma más de presidencias municipales en la entidad.

Augusto, con sus cuestionadas artes, mantuvo el control de la milicia en un solo cuerpo que respondía a él, así haya sido solo a partir del salario. Pero los colores de los múltiples bandos en Michoacán, tanto constitucionales como fuera de la ley, auguran no pocos descalabros y tropiezos más escandalosos que la confusión de dar por muertos a dos forajidos con cuentas pendientes.

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