Fusilerías

México: la izquierda fantasma*


La expectación que generó el socialismo soviético y su profunda influencia no pasaron desapercibidos en el México del siglo XX. Sin embargo, el sometimiento y la clandestinidad a que esa opción política fue orillada provocaron que la izquierda comenzara a tener fuerza para convertirse en opción de gobierno hasta 1988, es decir, un año antes de la caída del Muro de Berlín y del colapso del mundo según Stalin.

El concepto del socialismo había seducido, por supuesto, a la élite cultural. Y, como en Francia, había motivado debates encendidos entre las grandes figuras del arte. La protección que los pintores Diego Rivera y Frida Kahlo dieron a Trotsky, recordemos, generó un distanciamiento con otro monstruo del muralismo, David Alfaro Siqueiros, quien servía en calidad de soldado a los intereses de Stalin.

Albert Camus y Jean-Paul Sartre rompen a propósito de la noción de totalitarismo, expresión que el primero reprobaba como condición impuesta a los pueblos, mientras que el segundo la justificaba abrazando la versión soviética.

Precisamente de los excesos soviéticos se derivan las primeras críticas de Octavio Paz, el gran ensayista y poeta mexicano, que terminó rompiendo con unas izquierdas incapaces de hacer frente al discurso razonado. Paz, quien años después ganaría el Nobel de Literatura, veía venir desde los años setenta, como consta en su libro Itinerario, el derrumbe soviético de la mano de Mijaíl Gorbachov.

Por eso no deja de ser peculiar que la izquierda mexicana encabezada por Cuauhtémoc Cárdenas, hijo del ex presidente que expropió el petróleo en 1938, ganara la presidencia en 1988, si bien fue víctima de un fraude que dio el triunfo a Carlos Salinas de Gortari. Solo un año después el mundo socialista se derrumbó y ese sismo dejó ruinas y orfandad por todo el mundo, como predijo Paz.

El genuino reclamo por el fraude, sin embargo, generó una espiral de voces que se extendió con un resultado contraproducente para la propia izquierda: se convirtió en discurso único. Fraude, fraude, fraude. Cada elección es la palabra favorita de la izquierda.

El cambio de opción política a escala federal no llegó en México por la izquierda. Llegó por la derecha con un empresario campirano, Vicente Fox. Y no uso el concepto transición porque, pese a ser entonces el PAN el gobernante, poco cambió la forma en que se hacían las cosas desde el poder.

Hoy, a más de 20 años, la izquierda representada en el PRD es una selva que sus adversarios ven llena de tribus. Sus números en la preferencia electoral se han desplomado a un escaso 12 por ciento. Hoy ya no solo ve esa izquierda fraude en cada derrota. Hoy ellos mismos se hacen fraude cuando hay relevo de dirigentes.

Hoy ese grupo político está manejado por la tribu conocida como Los Chuchos, cuya línea a seguir es la colaboración con el gobierno del PRI, que retomó el poder a finales de 2012, después de dos sexenios del derechista PAN.

La actividad guerrillera real es casi nula. Ya no existen los socialistas ni los comunistas. Marcos, el enmascarado líder del Frente Zapatista de Liberación Nacional que encabezó una insurgencia de seis días en el sureste mexicano, se definió con justicia hace unos días: “Soy una botarga”. Y aquí solo cabe recordar que este personaje encabezó el boicot a las candidaturas de Cárdenas en 2000 y de Andrés Manuel López Obrador en 2006.

Hoy López Obrador, por cierto, es la principal figura de la fragmentada izquierda. Su salida del PRD y la creación de un nuevo partido dejan aún más débiles a las izquierdas.

La historia, dice Günter Grass, no se repite, pero tiene memoria de elefante. Si la izquierda mexicana, con metabolismo de perezoso, apenas empieza a tomar conciencia de las lecciones de la segunda mitad del siglo XX, difícilmente pasará de ser, como ahora, una opción cuyos dirigentes se disputan los recursos públicos a dentelladas y plegada al gobierno, merecedora de no más de 12 por ciento del voto. Una izquierda fantasma.


Fragmento de la ponencia presentada en el seminario sobre el socialismo de América Latina, organizado por el Partido Comunista chino, ayer en Pekín.


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