Fusilerías

Mexicano moderno, fines primitivos

Son días de balazos y asechanzas, de muerte. Por eso el funcionario de gobierno ha tomado algunas precauciones. Extendida la violencia política por caminos que van de Tabasco a Michoacán, de Guerrero a Coahuila, el hombre, temeroso, cambia a menudo de casa para dormir. Este es el testimonio de un político metido en el ojo del huracán.

De día, bien que mal, dice, los funcionarios pueden defenderse de los enemigos que los asedian, pero de noche quedan expuestos a la brutalidad de los peores atentados. Los cambios de residencia, por eso, han ido multiplicándose al punto de ser costumbre cotidiana. Nadie sabía dónde dormiría. A última hora acuerda dejar el auto en cualquier parte, baja su arma, porque anda empistolado, y acompañado de un guardaespaldas y el chofer pasa la noche en un hotel que elige en ese momento.

Este relato tan actual fue publicado en 1928. Es obra de Martín Luis Guzmán y pertenece al Séptimo Libro, “En la boca del lobo”, contenido en el volumen El águila y la serpiente. El abogado, periodista y escritor mexicano era entonces, en el tiempo de los hechos que relata, miembro de la Convención, y remata la crónica citada con otra expresión de una vigencia indiscutible: “¡Terribles días aquellos, en que los asesinatos y los robos eran las campanadas del reloj que marcaba el paso del tiempo!”.

El jueves pasado, esas campanas repicaron una vez más en esta atribulada nación: asesinaron al candidato de Morena a alcalde de Yurécuaro, Michoacán, en pleno mitin; corrió igual “suerte” un aspirante del PRI a regidor en Huimanguillo, Tabasco; cayó en Chalco una banda de secuestradores que acababa de liberar a Irán Castillo, esa belleza protagonista del filme El Tigre de Santa Julia, y apenas un día antes había sido liberada una candidata del PRD levantada en algún camino del violento Guerrero. Y dos días antes… Y un año antes… Y un sexenio antes…

Este país se antoja paralizado. Si zapatistas, villistas y federales usaban carabinas y cananas, hoy son palabras de uso común los rifles Kaláshnikov, las pistolas Taurus y los lanzacohetes RPG. Pareciera que la modernidad alcanzó a este país por la evolución de sus maquinarias y artefactos, computadoras y medios de comunicación, pero costumbres y ética permanecen estancadas. La moral política, ni se diga. Los modos de la competencia electoral involucionan.

El mexicano “moderno”, en tanto, cambia de tilde. Hoy un joven puede ser hipster, mirrey, darketo o chavo banda; valedor, camarada, júnior o güey; puede estar altamente tecnificado con tableta, teléfono inteligente y audífonos aun en las zonas más agrestes. Pero el ADN social de estos muchachos es vetusto. Todos los indicadores así lo indican. Sí, hay excepciones y bla bla bla. Y ellos son la esperanza.

En cuanta clasificación relacionada con modernidad figura México, los resultados son impresentables. La pertenencia a la Organización para la Cooperación y Desarrollo Económicos nos exhibe a la primera oportunidad. Mal en transparencia, mal en corrupción, mal en alimentación, mal en cobertura de internet. Bueno, ya ni como bebedores nos va bien. En un estudio reciente, el mexicano queda como un perfecto amateur: consume poco y provoca muchos accidentes. Un mala copa, en términos llanos. El colmo.

Las organizaciones dedicadas al tráfico de droga se modernizan, como a escala internacional lo hace el terrorismo, y trabajan con esquemas propios de corporativos transnacionales. Mandos horizontales que además de ensanchar sus áreas de oportunidad dificultan la detección y combate a las cabezas. Tecnificación y operación de siglo XXI para sembrar el vicio, el terror, la violencia, en pos de poder y dólares. Equipo ultramoderno y fines primitivos.

“A la luz de la luna buscó. Cuantos cuerpos tocaba estaban yertos. Se detuvo sin saber qué hacer. Luego disparó sobre el punto de donde parecía venir la voz: la voz se oyó de nuevo. El asistente tornó a disparar: se apagó la voz”. ¿San Fernando, Tamaulipas, 2011? ¿Ayotzinapa, Guerrero, 2014? No. La Chihuahua villista en la pluma de Martín Luis Guzmán.

 

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