Fusilerías

Mariachis contra el "narco" en Jalisco

Cuando Roberto Campa tomó posesión como subsecretario de Gobernación, con la encomienda de sostener una estrategia contra el crimen basada en la prevención, era el único que hablaba con entusiasmo de una campaña diseñada para, entre otros objetivos obvios, borrar la imagen de una lucha estrictamente militarizada.

Como la idea era transitar de un sexenio de combate al narcotráfico, con sus cifras de horror de ejecutados, a uno que vendiera el México reformista con un futuro inmediato prometedor, ese que espera el país desde los años de José López Portillo, el énfasis se puso en la tarea legislativa y en los cambios que harían de esta nación ensangrentada un modelo de modernidad.

El sueño duró menos que el de Carlos Salinas de Gortari con su Tratado de Libre Comercio e inaugurando las ahora desdeñadas Cumbres Iberoamericanas. El operativo policiaco municipal para disuadir a un puñado de normalistas de irrumpir en la fiesta de la esposa de un alcalde, la noche del sábado 26 de septiembre de 2014 en Iguala, despertó del espejismo a ingenuos, a escépticos y a expertos.

Hoy es una anécdota de ironía profunda la portada de Time con Enrique Peña Nieto y la cabeza “Saving Mexico”, la agenda de seguridad se impuso con réplica no solo en la prensa nacional, las imágenes de militares patrullando y los pillos bloqueando e incendiando son lo cotidiano y Roberto Campa ocupa un nuevo cargo, porque la prevención es de nuevo un vocablo instalado en su área de aplicación natural: el de los médicos.

Por eso sorprendió al fusilero conocer en la entusiasta voz de mandos federales vinculados de forma directa a la Operación Jalisco algunos detalles de la otra campaña en puerta en aquella región, es decir, la estrategia paralela al envío de tanquetas y miles de efectivos militares y policiacos: la operación social. Una remesa que busca obtener pronto los resultados que dio, en más de un año, en Michoacán.

Hablan con el entusiasmo propio del Campa de inicio de sexenio sobre el reparto de despensas, conciertos al aire libre, actividades culturales, encuentros deportivos, presentación de orquestas sinfónicas y hasta de mariachis, como decía el fusilero ayer en esta columna, en la meca de esa expresión cultural.

La autoridad confía en que ya experimentado ese despliegue en otros estados, corregidos sus puntos débiles, puede ser determinante para ganarse la aceptación ciudadana, punto central para avanzar con éxito en la búsqueda no solo de los principales capos de Nueva Generación, sino de los mandos inmediatos inferiores, porque en Michoacán funcionó para lograr la captura de Servando Gómez La Tuta y más de 2 mil de sus cómplices, desde halcones hasta contadores.

El lector, como el fusilero, creerá que es un despropósito mandar a improvisados a tales tareas, en medio de una guerra abierta en la que ya derribaron los narcos un superhelicóptero con armas propias de guerras como en los Balcanes o en enclaves africanos del terrorismo. Pero los mandos consultados, siempre entusiastas con esa estrategia paralela, ofrecen datos para basar su optimismo.

Dicen, por ejemplo, que la Policía Federal tiene atletas que destacan en justas organizadas por corporaciones internacionales; su sinfónica no solo hace presentaciones en vivo, sino que graba cedés interpretando, entre otros, a Julio Revueltas, además de contar con una compañía de teatro y un mariachi.

Con este “comando” artístico y deportivo, sumado a las despensas, el gobierno federal abre otro flanco de batalla, el de la búsqueda de la confianza de la ciudadanía, que considera vital para ganar la guerra contra Nueva Generación. Porque sabe que sin el respaldo ciudadano, sin la denuncia, sin la aceptación, el “monstruo” de Jalisco, como ellos lo llaman, resultará más escurridizo que el reto de los Templarios. A ver.

 

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