Fusilerías

Libros: cifras de horror

Un lector sabe que debe tomar ciertas precauciones antes de entrar a una librería. Hay que tener en cuenta, por ejemplo, no llevar tarjeta de crédito con monto disponible alto, porque pasará aprietos para cubrir el pago mínimo en la fecha de corte bancario. Y no solo hablamos de las casas favoritas de autores y consumidores, como Gandhi, El Sótano, Fondo de Cultura Económica o Porrúa. Porque hasta las llamadas “de viejo” exhiben maravillas en sus estantes a precios que ni cuando eran novedad editorial.

El lector sabe también que cuando va en busca de un título que lleva tiempo agotado o ha sido descatalogado es casi un hecho que no lo hallará, pero es seguro que saldrá con varios otros volúmenes cuyo costo, de forma irremediable, lo dejará con poco margen de maniobra en los gastos de la semana. En un episodio personal reciente, la infructuosa caza de El origen de la obra de arte, de Martin Heidegger, acabó en la adquisición de libros de Dario Fo, Philip Roth, Virgilio, Ovidio, Amos Oz y Manuel Vicent: mil 900 pesos en números cerrados.

Es inevitable, pues. Gran inversión, también.

Por eso son más sorprendentes los datos que el colega Rafael López dio a conocer el domingo pasado en nuestro diario. De cada 100 mexicanos, 35 tienen más de una decena de libros en su casa, 29 leen por lo menos una obra en 12 meses y 20 compran un título en el mismo periodo. La trama se torna dramática cuando las cifras entran al terreno de la inversión, ya que en promedio cada compatriota destina 74 pesos al año, sí, 74, a este rubro.

No sorprende, por cantidad de habitantes y ser la capital, que en el Distrito Federal sea donde más recursos se emplean para la compra de libros, 145 pesos anuales, mientras que en Chiapas la cifra apenas rebasa los 28. San Luis Potosí y Coahuila reportan compras por 98 y 94 pesos per cápita, que figuran entre los montos más altos, de acuerdo con las encuestas del Inegi tomadas como base para este desalentador mapa de lectura.

Ahora que, con los elevados precios que todos pueden constatar en las librerías antes citadas, además de la cadena Sanborns, es oportuno preguntarse si las personas encuestadas respondieron con la verdad o solo quisieron salir al paso. Porque, amable lector, ¿qué libro cuesta 74 pesos? Retomando la mayor cifra, una minoría de títulos puede conseguirse en 145. Quizá las colecciones que se adquieren en puestos de revistas, como la que distribuye actualmente Globus titulada Filosofía hoy: los grandes pensadores, tengan precios menores a 100 pesos por obra, porque son saldos enviados desde España. Eso sí, puros clásicos en pasta dura.

La combinación de cifras, en resumen, es un coctel molotov. Libros caros más escasa inversión per cápita, aderezadas ambas variables con bajos salarios y deserción escolar, dan como resultado un desolador panorama educativo. ¿Qué hacen los personajes, las entidades involucradas en tan alarmante situación? Unos promueven la reforma presidencial, otros la denostan. Unos hacen foros para vender los cambios, otros salen a la calle a marchar, unos más aprovechan la oportunidad para vandalizar.

Un círculo perverso, antes que de lectura, que mata toda esperanza en revertir tan delicada catástrofe educativa. Y luego nos llamamos a sorpresa porque un político no pueda citar tres títulos con sus respectivos autores.

 

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