Fusilerías

Leñero periodista

La tradición universitaria manda que una mayoría de profesores de comunicación y periodismo no ejerza el oficio. Estos maestros, con muchos talentos unos, escasos otros, ponían a leer a sus alumnos, les guiaban las lecturas y, qué duda cabe, ampliaban el horizonte cultural de los jóvenes, pero jamás habían publicado una línea en un diario o revista, no tenían idea de qué era un cuadratín o una línea ágata, lo que no pocas veces les resultaba en alfilerazos de aquellos muchachos con la suerte de trabajar ya en una redacción.

Pero en esas lecturas obligadas, además de teóricos de la comunicación, filósofos y literatos, había autores periodistas. Algunos que cubrían de forma paralela el terreno de las letras y el del reportaje. De todo tipo. Günter Wallraff, Ryszard Kapuscinski, Tom Wolfe, Truman Capote y Gabriel García Márquez. Figuraban, entre los mexicanos, Carlos Monsiváis, José Joaquín Blanco y Vicente Leñero, gran dramaturgo, libretista cinematográfico, cuentista, novelista y reportero fallecido el pasado martes a los 81 años.

Leñero periodista deja un legado para la enseñanza del oficio que el joven universitario, o el bisoño auxiliar de redacción aspirante a dar el salto, pueden allegarse para abrevar de lo mejor de la tradición mexicana en la materia. Desde sus crónicas y entrevistas publicadas en Claudia, Revista de Revistas y Proceso, reunidas en un libro llamado Talacha periodística en la época estudiantil del fusilero, hoy corregido y aumentado bajo el título de Periodismo de emergencia en editorial Debate, hasta su novela reportaje Los periodistas (1978), testimonio del golpe a Excélsior en 1976, pasando, por supuesto, con su obra cumbre del oficio: Asesinato (1985).

Como sucede en algunos periodos en el mundo editorial, por asuntos de mercado, desabasto, ejemplares agotados, en algún momento de finales de los años 80 el estudiante no hallaba por ningún lado A sangre fría, el reportaje novelado de Capote sobre un multihomicidio perpetrado en un pequeño poblado de Kansas. Fue así que el profesor en turno ajustó su encargo y pidió la lectura y reseña correspondiente de Asesinato, reportaje sobre el crimen a machetazos de un ex gobernador nayarita, Gilberto Flores, y su esposa, Asunción Izquierdo, en 1978.

En esta obra Leñero aborda desde todos ángulos esta nota roja. Hace una crónica puntual de la hoja curricular del político, sus relaciones, sus aspiraciones truncadas. Revisa los videos de Imevisión, ahora Televisión Azteca, y aun dedica un capítulo al trabajo literario de la señora, que cultivaba el género de la novela. También presenta un recuento de las publicaciones de la época en la que, el fusilero cree no equivocarse, destaca una cabeza principal de La Prensa: “Fue el nieto”, una vez que fue detenido Gilberto Flores Alavez como presunto homicida de sus abuelos.

El reportero también hurga en aquel material que permitió a los investigadores dar con el acusado, como los comprobantes de la compra de los machetes en una ferretería cercana a la escena del crimen, y en el último capítulo recrea su empeño por entrevistar al señalado como autor material, encarcelado, el nieto, quien como aquel asesino de la trama de Capote, comienza a divagar a la pregunta concreta de “¿tú lo mataste, Gilberto?”, y ante la insistencia del reportero da una respuesta, culminación del relato construido con base en el suspense dominado por el Leñero narrador literario, que relanza al lector al principio del libro, técnica que ya había usado en novelas como El garabato (1967) y retomada en algunos cuentos de su último libro, Más gente así, publicado apenas en 2013.

Leñero periodista, maestro, se ha ido.


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