Fusilerías

Kiss Army, el origen

Bill Starkey suele preguntarse cómo es posible que la gente, la propia familia, tolerara su actitud cuando él, niño, no veía más allá del maquillaje de cuatro chicos por los que habría dado su vida. “¿Qué puede motivar a alguien a incurrir en semejante comportamiento, irracional?” es su duda a 40 años de distancia.

Este hombre de Indiana, admirador del rock desde sus años mozos, fue invitado a un concierto en aquella época. Su padre, empleado de la Warner Brothers, solía recibir boletos gratis para espectáculos y esta vez era el turno de Deep Purple en la Market Square Arena. Sin embargo, las localidades se agotaron de inmediato, por lo que, como premio de consolación, distribuyeron entradas para ver a Kiss, que alternaba con ZZ Top en el Evansville’s Robert Stadium.

La noche anterior, Bill vio en un programa televisivo por vez primera al cuarteto neoyorquino y quedó fascinado, pese a que él estaba pendiente de la participación de la banda Foghat en el canal de la ABC. Eso que llama “cosa inusual” que atrajo su atención sobremanera fue Gene Simmons, ese demonio en plataforma que sacaba la lengua y escupía sangre mientras aporreaba su guitarra bajo.

El pequeño dice haber tenido, cuando llegó con su hermano y su padre a un estadio que podía albergar a 10 mil almas, esa sensación de temor a lo desconocido, porque en realidad no sabía qué esperar. El novel grupo, por lo demás, solo tenía un álbum, titulado con el nombre de la banda (que este miércoles conmemoró su lanzamiento, en 1974). Por lo demás, esta concurrencia potencial estaba a distancia medida en años luz con la que tuvieron los enmascarados en su primera presentación en Queens: una decena de parroquianos.

Sirenas, maquillaje, luces multicolor y ruido, mucho ruido. Cuando terminó Kiss, la familia decidió escuchar las dos primeras rolas de ZZ Top, “solo para decir que estuvimos ahí”, y se fueron. El padre, aficionado a Frank Sinatra y Mario Lanza, dijo estar seguro de que nada después de esa noche podría ser más emocionante en un escenario. Y con la esposa en el equipo, se lanzaron tres semanas después al concierto en Indy.

Bill reclutó a su amigo Jay Evans y juntos escuchaban rock en el sótano. Desde ahí llamaban a la estación de radio local para que los complaciera con música de Kiss, pero siempre les respondían que no se les permitía programar esa música. En la escuela, el bullying de los niños ricos contra ambos se resumía en “los payasos de la clase” y la frase: “Kiss? Kiss my ass!” Alguna vez lograron contactar con el productor de la radio, quien se mofó: “Pero si ese grupito es la versión mediocre de Bachman Turner Overdrive”.

Los jóvenes no se amilanaron y organizaron a un colectivo que los seguía, se pintaron como sus héroes y organizaron un desfile frente a un centro comercial y restaurantes aledaños. Se hicieron llamar “Los Soldados Desconocidos del Ejército Kiss”. La presencia de esta “horda de demonios pintarrajeados” motivó que una nueva emisora radial, WPFR-FM, accediera a las demandas de los chicos y la competencia obligó a la ya consolidada, WVTS-FM, a entrarle a la música del cuarteto.

Se acercaba una nueva fecha para Kiss en la región y la esposa del productor que antes los bloqueó, Trisha Phillips, con más visión que su marido, hizo las gestiones para que la banda conociera a sus siervos. Gene Simmons, Paul Stanley, Ace Frehley y Peter Criss querían discutir con los emprendedores jóvenes la formación de una marca que hoy vende millones: Kiss Army. Noviembre 10 de 1975, el cumpleaños 19 de Bill Starkey, quien cuenta muchas más anécdotas en el prólogo del libro Kiss FAQ (Preguntas frecuentes sobre Kiss), de Dale Sherman, editado por Backbeat Books, material indispensable para todo fan del cuarteto de Nueva York.  

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