Fusilerías

Historia electoral de la infamia

Pederastas, narcotraficantes, proxenetas, asesinos, malversadores del erario, corruptos, delincuentes de cuello blanco, plagiarios, chapulines, tratantes de personas, ovejas negras de familias, depredadores de menores, tratantes de personas, drogadictos y, para decirlo con Jorge Luis Borges, cosas peores.

No, señoras y señores. No se habla aquí de los inquilinos de algún penal, de máxima, mediana o relajada seguridad, total, de todos se evaden ahora los reos. No. No se habla de los internos de alguna cárcel mexicana. Tampoco de algún personaje del libro de cuentos Historia universal de la infamia.

Las anteriores etiquetas pertenecen, por lo menos es lo que se dicen entre ellos, porque así se llevan, a los políticos mexicanos que competirán por algún puesto este domingo en 14 entidades, 12 de ellas con disputa por la gubernatura.

Sí, así es. De hombres con esas acusaciones a cuestas saldrán 12 mandatarios y una gran cantidad de alcaldes, así como integrantes del Constituyente capitalino. No sé usted, amable lector, pero poco se sabe de los planes de gobierno de esta gente, que privilegió la diatriba, la filtración de documentación amañada y el escándalo en los debates, si es que así puede llamársele a sus aburridos intercambios de invectivas.

El elector tendrá enfrente una boleta que, después de lo escuchado en las campañas, parece una microhistoria nacional de la infamia, volviendo a Borges. Nadie verá en las papeletas al candidato que lanzó un plan para mejorar la seguridad, para bajar los índices delictivos, para dotar de agua a más comunidades, para contener la contaminación. No. El elector tendrá listo su crayón para escoger entre una baraja de presuntos hampones, como ellos mismos se esmeraron en presentarse.

Aquí, sin embargo, no compiten el atroz redentor Lazarus Morell, el impostor inverosímil Tom Castro, la viuda Ching pirata, el proveedor de iniquidades Monk Eastman, el asesino desinteresado Bill Harrigan, el incivil maestro de ceremonias Kotsuké no Suké, el tintorero enmascarado Hákim de Merv o el brujo postergado. Ojalá. Estas son niñerías frente a lo que ayer el secretario de Gobernación llamó "el proceso más despiadado" que recuerde.

Ya veremos el domingo quién lanzó al aire más materia fecal.

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