Fusilerías

Hell & Heaven y el “nuevo” PRI

Gene Simmons estaba a sus anchas en la fiesta posterior a la ceremonia de la entrega del Premio Oscar a lo mejor del cine, el domingo pasado en Los Ángeles, cuando le recordaron que debía moderarse por los compromisos en puerta de Kiss, banda que fundó hace más de 40 años con su compinche Paul Stanley.

Uno de los contratos firmados por la banda para efectos inmediatos era su participación, como plato fuerte, del festival Hell & Heaven, organizado por el gobierno de Texcoco, en el que alternaría, entre otros, con Guns N’ Roses y Korn. Quizá el nombre del concierto suene excesivo a estas alturas del partido, en que esas glorias del heavy, con alto kilometraje recorrido, sean ya más bien colectivos fresas que viven de su antiguo reinado.

Valga un apunte al respecto. La caracterización de los integrantes de Kiss ya fue adoptada por la célebre figura infantil conocida como Hello Kitty. El propio Simmons, al que identificará el lector ajeno al tema como el demonio que escupe sangre y fuego en el escenario, ha dicho en el realityshow que protagoniza con su familia que no les alcanzará vida, ni a él ni a sus hijos ni a sus nietos, para gastarse la fortuna que ha hecho junto con la banda en cuatro décadas.

El caso es que mientras Simmons se divertía en la fiesta del Oscar, posando con celebridades como Angelina Jolie, Julia Roberts, Brad Pitt, Leonardo Di Caprio y el gran ganador Alfonso Cuarón, uniéndose a selfies en las que hasta Liza Minelli alcanzó a figurar, el bajista recibió el recordatorio de llevársela tranquila por los compromisos de la banda, entre ellos el concierto en un lugar llamado Texcoco.

De súbito, una imagen mexicana de hace 40 años, cuando nacía Kiss, se reproduce entre miércoles y jueves. El gobernador del Estado de México, el priista Eruviel Ávila, ordena la suspensión del concierto con el argumento de fallas en la seguridad. La alcaldesa texcocana, Delfina Gómez Álvarez, con militancia en la izquierda lopezobradorista, alega que nunca fue informada, en las siete, siete reuniones que tuvo con mandos estatales y federales, de tales anomalías, pero está dispuesta a resolverlas de inmediato.

El manotazo que le siguió es desconcertante. No solo ratifica la gente de Ávila la suspensión, sino que la Secretaría de Gobernación federal se sube al templete a favor del mandatario, mientras que la procuraduría estatal ordena la comparecencia de la alcaldesa. ¿De veras un eventual incumplimiento de medidas de seguridad, dado a conocer de última hora pese a las reuniones previas, desató tal furia y desigual embate contra una autoridad municipal? De entrada la decisión evoca los más funestos episodios de prohibición, cuando se permitían conciertos a cuentagotas y lejos de la Ciudad de México.

Hay un problema creciente en el país, con cifras de terror en el Estado de México, que es el secuestro; por citar acaso el de mayor impacto para los ciudadanos. Pero el mandatario estatal y Gobernación, ambos corresponsables en buscar soluciones ante el auge de ese delito, dedican tiempo y recursos para lanzar una orquestada campaña para boicotear un concierto promovido por una autoridad de un partido opositor al PRI al que asistirían, se calcula, unos 70 mil jóvenes, y por el que las dos bandas principales ya cobraron. Además, hay 30 mil entradas vendidas.

Que un gobernador tenga la brillante idea de golpear a sus opositores con el poder que le confiere su posición no debería ser sorpresivo para nadie, porque así ocurre a menudo sin importar las siglas del partido que lo puso ahí. Pero que a alguien en Gobernación se le haya ocurrido salir a endurecer el tono contra una alcaldesa, a fin de quedar bien con el mandatario favorito del presidente Enrique Peña Nieto, suena delirante, y como las coincidencias no existen, a ver quién se traga el cuento de la falta de seguridad. Vaya con el “nuevo” PRI.

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