Fusilerías

Fuenteovejuna avisa, pero no revisa antecedentes

La peor noticia de los linchamientos, ya de por sí compleja la trama por las muertes de delincuentes o víctimas de éstos, es que en la mayoría de episodios Fuenteovejuna dio innumerables avisos de que tomaría la justicia por propia mano, con mantas y denuncias en voz alta ante micrófonos de la prensa y escritorios de las instancias policiacas, y las autoridades desoyeron los barruntos.

Autoridades de todos los niveles. Hay un descontento con la actuación de policías, procuradurías y sus jefes, los gobernantes, desde el municipal o delegacional en el caso de la capital, hasta el ámbito federal y el Presidente, como ya lo expuso en estas páginas Francisco Abundis con un seguimiento de Parametría actualizado a abril pasado.

El fusilero documentó aquí el caso de un barrio popular capitalino, el Olivar del Conde, después reporteado por Humberto Ríos Navarrete, en el que la incidencia delictiva ha tomado un sesgo de inusitada violencia al pasar, en menos de una década, de robos a transeúntes y pasajeros a asesinatos con el uso de armas blancas y de fuego.

Antes que arredrarse, la población, ignorada por la delegación Álvaro Obregón y por las instancias policiacas y de procuración de justicia capitalinas, se reúne en una iglesia para acordar acciones de protección, de las que salió la iniciativa de advertir con mantas que lincharán al hampón que sea capturado. El gobierno tapó la manta con otra que enlista los números telefónicos de emergencia. Nada más. Y los atracos a mano armada continúan.

La UAM registró de 1988 a 2014 un total de 366 casos de linchamiento, entre intentos y consumados, y el área de documentación que encabeza Rafael López en MILENIO obtuvo reportes de 63 más en 2015 y 20 en lo que va del año en curso. A partir de 2010 estos ataques han acabado con la vida de los presuntos delincuentes en dos de cada 10 eventos, aunque pocas veces se sabe si la víctima era en realidad un hampón. Obvio, Fuenteovejuna no revisa antecedentes penales cuando desata su furia. ¿Ya olvidamos Canoa, Tláhuac?

La autoridad mexiquense determinó en cosa de horas que los linchados esta semana en Teotihuacán eran secuestradores, fallo de rapidez impensable, como si la culpabilidad restara gravedad o, peor, justificara el hecho.

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