Fusilerías

Guerrero: el coctel molotov

La selfie que se tomó Lorenzo Córdova, mofándose con un estribillo de “no mames, cabrón” del habla de un dirigente indígena, no pasará de ser anecdótico, como lo son todas las grabaciones ilegales que implican a políticos. Porque nunca caen los responsables de esas escuchas y porque hoy repuntan asuntos de gravedad mayúscula, como la violencia e impunidad con que procede el crimen en Guerrero.

La tragedia de que en una semana, la que está en curso, surjan dos episodios que parecen réplicas de los sucesos de apenas septiembre pasado, la desaparición de 43 normalistas en Iguala, exhibe la dramática situación de ese estado, hoy con un gobernador de relevo, y con un amplio despliegue de fuerzas federales. Presencia que, sin embargo, no amedrenta al crimen.

El levantamiento en Chilapa, porque no hay solicitud de rescate, de al menos 15 personas debidamente identificadas, más el enfrentamiento de bandas en Tlacotepec, con cinco muertos, debería ser inexplicable si se considera que hoy la Policía Federal tiene 5 mil efectivos en la entidad, más los militares, marinos y agentes estatales y municipales, además de la atención incluso internacional en torno a la zona después del caso Ayotzinapa. La inseguridad es el primer ingrediente.

Sin embargo, hay otros datos que dan luz sobre por qué si los reflectores están sobre Guerrero, la historia se repite. Su población es de 3 millones 388 mil 768 habitantes (censo 2010), con una ligera mayoría de mujeres. Dos tercios asistieron a una escuela y el promedio es de primero de secundaria. Apenas 11 por ciento terminó una carrera universitaria y son analfabetos 17 de cada 100 mayores de 15 años. En resumen, el estado es antepenúltimo en desempeño en la materia, lugar 30. Segundo ingrediente.

Hay más hogares con televisor (87.6 por ciento) que con agua entubada (61 por ciento); hay más viviendas con televisión de paga (32.6 por ciento) que con internet (20.8 por ciento); son 2 millones 442 mil 900 quienes viven en condiciones de pobreza y precariedad extrema. Es decir, Guerrero es el lugar 31 en el índice de desarrollo humano de la ONU y el tercero más pobre según el Coneval. Tercer ingrediente.

Con tales números empieza a tomar forma la explicación del polvorín. Vaya coctel molotov.

 

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