Fusilerías

Fantasmas y culpas en el Tri

Octavio Paz escribió que cada pueblo tiene sus fantasmas: Francia para los españoles, Alemania para los franceses y Estados Unidos para los mexicanos. De unos años para acá, no como una presencia psicológica, sino como una realidad tan vasta y poderosa que colinda con el mito y, para muchos, con la obsesión.

Esta sentencia alcanzó un espacio, era cosa de tiempo, otrora cerrado para el predominio estadunidense: el futbol. Hoy ese equipo rival es el amo en la mediocre área que incluye a México, Centroamérica y el Caribe, y ya no solo manda en los enfrentamientos directos, sino que es el responsable único de que el alicaído Tri aspire aún a asistir a la Copa del Mundo Brasil 2014.

Decía una vieja máxima de las redacciones deportivas, donde el fusilero comenzó en el oficio, que cuando las Chivas estaban bien, la selección estaba bien. Hoy más que nunca ese dicho ligero cobra actualidad, con el popular once jalisciense en el sótano de la tabla general de clasificación y, aunque su afición se resista a hablarlo en voz alta, bajo amenaza de descenso. El poderoso en curso es el adversario tradicional, el América, al que han decidido ponerle la camiseta verde para que resuelva la incógnita en duelo de ida y vuelta frente a Nueva Zelanda.

Como si hubiera necesidad de más división, frente al deplorable espectáculo que el equipo con la etiqueta de México ha dado en esta eliminatoria, se opta por un equipo que genera a un tiempo pasión y odio, siempre con la sospecha de que es elegido no solo por los números a su favor, sino porque las circunstancias le dan oportunidad a su dueño, Emilio Azcárraga, de figurar ya sin máscaras al frente de un negocio en el que rige: el futbol mexicano.

El partido del pasado martes se convirtió en un sainete cuando el Tri, antes que ganar su encuentro para asegurar un medio boleto al Mundial, salió derrotado de Costa Rica. El acto resultó aderezado por el mensaje de la federación estadunidense, que tras la ayuda a México que significó el triunfo de su equipo, colgó el mensaje “de nada” en la página oficial de internet, y alcanzó esferas políticas, con el ex presidente Felipe Calderón regodeándose con los logros del equipo verde durante su gestión y preguntándose qué pasó ahora, se entiende, con Enrique Peña Nieto.

La afición se fue encima de Javier Hernández, el joven delantero del Manchester United que se cansó de meter goles con Chivas y durante su primer año con la camiseta del cuadro inglés, pero que ahora atraviesa por un bache de rendimiento, como sucede con cualquier jugador en el mundo. Nadie puede restar importancia a sus yerros, ni dejar de compararlo con su compañero de selección, el americanista Raúl Jiménez, hoy en el mejor momento de su incipiente carrera.

La pregunta es cómo puede desatarse tal furia contra El Chicharito, si nos atenemos a las redes sociales y a los cronistas de Televisa y Televisión Azteca, que hace unos cuantos meses se llenaban la boca de elogios al tapatío. ¿Qué no hay un director técnico que decide quién figura en el once inicial con base en su saber y experiencia? Claro, el entrenador no está en el área para definir jugadas que parecen fáciles al televidente, pero es el responsable de saber qué delantero está en mejores condiciones de ser titular y tiene la obligación de ordenar quién lanza un tiro penal.

Pero hoy las aficiones se ponen sus colores, sea Cruz Azul, América o Pumas, y emprenden un linchamiento mediático injusto contra un chavo al que todos ellos pedían a gritos como titular en el Mundial pasado, cuando hizo dos goles en los pocos minutos que le dio Javier Aguirre, siempre favorecedor del argentino naturalizado Guillermo Franco, fiasco entre los fiascos en el cuadro nacional de 2010.

¿Y los directivos? Pasan y pasan los técnicos y ellos siguen ahí, inmutables, viendo cómo el equipo se despeña. Apenas ayer los colegas se atrevieron a preguntarle a uno de ellos, Justino Compeán, si no había pensado en renunciar, a lo que respondió que nadie se lo ha pedido y no abandonará el barco en plena crisis. Hoy, en medio del desastre, se reúnen para tratar de llegar con una nota de panzazo a Brasil, porque más allá del asunto deportivo, la marca México se devalúa y la eliminación costará millones de dólares.

El lucro, escribió Octavio Paz, es el dios que al mismo tiempo aplasta a las almas como obleas idénticas y las enfrenta unas contra otras con ferocidad de bestias. Si el proyecto futbolístico 2014 fracasa, las pérdidas de esas empresas darán una vez más la razón al poeta con el intercambio de culpas a niveles pocas veces visto.

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