Fusilerías

Esclavitud y explotación

San Agustín (354-430), el neoplatonista nacido en Túnez, era un defensor de la nobleza del trabajo y aunque admitía la esclavitud, aseguraba que nadie caía en esa adversa circunstancia por naturaleza, sino por guerra o compraventa, por lo que solía promover los derechos de esa fuerza laboral y llamaba al amo cristiano a darle un buen trato, como ilustra Mauricio Beuchot en su ensayo sobre la filosofía medieval.

Abolida la esclavitud 20 siglos después, resulta significativo conocer a diario reportes de hallazgos de espacios laborales cuyas condiciones dejan a sus trabajadores en total indefensión, migrantes la mayoría, que por venir de una vida de pobreza extrema incluso se resisten a abandonar el sometimiento y la explotación con tal de obtener algunas monedas para sobrevivir.

Las haciendas porfiristas se quedan cortas con algunos campos agrícolas mexicanos de hoy en día, y si algunos jornaleros se oponen a ser “rescatados” no es porque padezcan una especie de síndrome de Estocolmo (el secuestrado que desarrolla un vínculo afectivo con su captor), sino por las condiciones de miseria que afrontan en sus lugares de origen.

No es secreto, por supuesto, que la mayoría aspira a ganar un dinero para proseguir el recorrido hacia Estados Unidos, futuro improbable porque estos hombres entran en una dinámica de deuda con sus patrones que los obliga a quedarse ahí de forma indefinida. La tienda de raya tiene vigencia en el siglo XXI.

Esta semana explotó el caso de los jornaleros de San Quintín, en Baja California, que organizaron marchas y protestas por las condiciones laborales que afrontan, entre otras, salarios de 120 y 130 pesos diarios por una faena de ocho horas. Después de que fue sofocada la manifestación se instaló una mesa de negociación en la que participan los tres órdenes de gobierno y una de las demandas, aún a debate, es que aspiran a un ingreso mínimo de 300 pesos diarios para toda la fuerza laboral de esa entidad.

Ayer ya obtuvieron un primer acuerdo consistente en que todos los trabajadores agrícolas de ese valle tengan seguridad social, por lo que quienes siguen en la indefensión en esa materia podrán registrarse a partir del lunes en el IMSS. No es poca cosa, en una época de trabajo en la que cunden el contratismo sin prestaciones y la subcontratación u outsourcing.

La información que MILENIO ha dado a conocer esta semana desde el valle de San Quintín, gracias a la puntual cobertura del reportero José Antonio Belmont, parece dar cuenta de sucesos, con características obvias del mundo moderno, con ecos de principios del siglo XX y la época prerrevolucionaria. Hacendados abusivos y trabajadores en condiciones de precariedad extrema.

De hecho, es previsible que esta inconformidad se extienda por diversos puntos, ya que no es exclusiva de aquella región aledaña a Ensenada. Tampoco es única del sector agrícola, por cierto. Nada menos que en una región de cultivo de flor cercana a la Ciudad de México, próxima a Ixtapan de la Sal, se paga 100 pesos diarios a jornaleros que trabajan 12 horas y no tienen seguridad social alguna, aunque debe subrayarse que sus patrones son pequeños agricultores, no hacendados. Zona expulsora de migrantes en la que hay pocos adultos en edad productiva, que prefieren arriesgarse a la aventura de cruzar a Estados Unidos.

De vuelta a los filósofos, Santo Tomás de Aquino (1225-1274), italiano él, aceptaba la servidumbre, sustituto medieval de la esclavitud, pero a diferencia de Aristóteles no la consideraba natural, sino como resultado de la institución política, ya que para él todo hombre es libre y no sujeto a otro. Hoy, en el siglo XXI, es buen momento para darle una leída a estos pensadores del pasado.

 

www.twitter.com/acvilleda