Fusilerías

Ébola y epidemias en modo literario

Desde hace años, una fórmula de éxito garantizado en la industria fílmica es recurrir a la especie de que un virus mortal se sale del control de los laboratorios, genera caos en un sitio determinado, se expande por la movilidad común y riega su cauda de muerte a escala global. Una película hoy en cartelera (indigna de la novela que dio pie a la saga), El planeta de los simios: la confrontación, acude a esa tradición, como pocos meses antes lo hicieron las múltiples cintas dedicadas a la propagación zombi.

En tiempo y mundo reales, hoy sabemos que un fenómeno de emergencia está en curso con el caso del ébola, virus descubierto por el entonces joven científico belga Peter Piot en 1976 en el río con aquel nombre, y que ha resurgido con un ímpetu demoledor en Liberia, Sierra Leona y Guinea, tres países africanos en los que la cifra mortal ya alcanza los 729. El experto recomienda, después del brote vigente, ensayar vacunas y tratamientos experimentales en seres humanos, una vez que tuvieron resultados alentadores en animales.

La recuperación de las epidemias como un motivo, una anécdota, un pretexto en las artes, por supuesto no es nueva. Atendamos, si no, el caso de Giovanni Boccaccio, célebre escritor florentino (1313-1375), quien ocupó el drama de la peste negra para crear su obra cumbre, Cuentos del Decamerón, a partir de cien historias narradas durante 10 días por siete doncellas y tres mozos reunidos en una finca para escapar de la epidemia.

Como ha observado con puntualidad el ensayista F. J. Alcántara, las mujeres, solas en sus casas, son el objeto directo y lógico al que mira Boccaccio. “El último deseo del autor, expuesto en las páginas finales, es que, si la lectura del libro ha dado su fruto (deleite y consejos útiles), las graciosas lectoras den de ello las gracias al dios Amor. (…) Nos hallamos en presencia de una verdadera comedia humana”.

Francesco de Sanctis, en su Historia de la literatura italiana, va más allá: “Si ahora abres el Decamerón, leído apenas el primer cuento, te parecerá caer de las nubes y te preguntarás, con Petrarca, cómo y cuándo ha llegado hasta aquí. No es una revolución: es una catástrofe, que de la noche a la mañana te muestra el mundo cambiado”.

De la prolífica obra de Daniel Defoe es oportuno rememorar ahora Diario del año de la peste (1722), que si bien es considerada ficticia porque el autor tenía cinco años en los calamitosos tiempos a que hace referencia (Londres, 1665), suele llamársele el primer reportaje como tal, como género periodístico, por la acuciosa investigación que el narrador inglés acometió basado en archivos atribuidos a un pariente.

Opus Nigrum (1968), de Marguerite Yourcenar, y La peste (1947), de Albert Camus, son dos novelas mayores que incluyen el tema del contagio, la primera como contexto obligado por la época y los personajes de una trama en la frontera medieval-renacentista, la segunda como línea narrativa para exponer el concepto filosófico del absurdo a partir de las relaciones humanas en un entorno de emergencia sanitaria.

La tragedia epidemiológica en modo literario.

 

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