Fusilerías

Los Doors del Medioevo

Una creencia popular entre los aficionados al rock y, más aún, los devotos de Jim Morrison es que el chamán llamó a su grupo The Doors tomando el título de un célebre ensayo que Aldous Huxley publicó en 1954, Las puertas de la percepción. Otros van más atrás y recuperan un pasaje de William Blake en su poema "Las bodas del cielo y el infierno" (título basado en la traducción de Jorge Luis Borges), escrito e ilustrado por el mismo autor hacia 1790. El concepto, sin embargo, tiene larga data: el Medioevo.

A propósito de "La voz del demonio", Blake escribe: "El hombre no tiene un Cuerpo distinto de su Alma, pues lo que llamamos Cuerpo es una porción de Alma discernida por los cinco sentidos, principales entradas al Alma en nuestros tiempos". Y en "Una fantasía memorable", remata: "Si las puertas de la percepción se limpiaran, todo aparecería a los hombres como realmente es: infinito".

En Blake abundan las citas al desierto, los leones, las serpientes, agua estancada, veneno, plagas desnudez. No son pocas las apropiaciones que hace de las prédicas del teólogo Emanuel Swedenborg (1688-1772), un sueco autor del libro Sabiduría de los ángeles en lo concerniente al amor divino. Y si bien el poeta y grabador parece, en definitiva, ser el inspirador de Huxley y de Morrison, el origen de su influencia apunta a la Edad Media con dos filósofos: Hildegarda de Bingen y, sobre todo, San Buenaventura.

La dama (1098-1179) fue la abadesa de un monasterio de benedictinas que en su Libro de las obras divinas en himnos simples, expuesto en forma de visiones, "habla del macrocosmos y el microcosmos, diciendo que el hombre es un espejo proporcional del universo", ha escrito el historiador Maurice Beuchot.

Buenaventura (1217-1274) es más específico en el tema: "El cuerpo no es una cárcel del alma, o un peso que carga penosamente: es el adecuado complemento del alma". En esa perspectiva optimista, observa Beuchot, este filósofo franciscano ve al hombre como el microcosmos, resumen del universo, con el cual se relaciona, ya de entrada, "por los sentidos, que son como cinco puertas para el conocimiento de lo sensible".

Puestas las cartas sobre la mesa, queda trazada una bien pintada línea de tiempo a propósito de las puertas de la percepción. Hildegarda de Bingen, representante de la Escuela de Chartres (siglo XII) y Buenaventura, agustiniano natural de la Toscana del siglo XIII. Swedenborg (siglo XVIII), notable inspirador de autores tan dispares como Goethe y Kant, Voltaire y Borges, así como el propio Blake (siglo XIX) y, un siglo después, Huxley, quien centró su discurso en las drogas como el factor que reduce el filtro hacia la apertura de los sentidos.

Acudiendo a un verso de Borges, puede decirse entonces que todo esto tuvo que pasar para que un joven poeta californiano, estudiante de cine y lector voraz, pergeñara en las cálidas playas de su estado natal el nombre de una banda, las letras de decenas de rolas, múltiples versos y se convirtiera en el Rey Lagarto. Los vanguardistas Doors del siglo XX datan, a juzgar por esta cronología, de las puertas medievales de la percepción.

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