Fusilerías

Cazadores de hombres

Las leyendas urbanas y provinciales suelen atribuir registros letales a bestias, en agravio del Homo sapiens, siempre a partir del tamaño. A mayor talla, mayor número de víctimas humanas. En África, los legos siempre apuntan a los grandes gatos como el depredador número uno de los habitantes de la sabana, cuando los hipopótamos los rebasan en el índice de ataques mortales. En Europa apuntaban mucho tiempo a los lobos, especie hoy en la antesala de la extinción.

Leyendas, pues, que la ciencia ha relegado con datos puntuales desde hace tiempo. Por eso la nota de que el mayor depredador del hombre es un mosquito solo tiene como novedad la presentación de cifras. Y, por supuesto, no es un insecto de la dimensión del monstruo de Kafka o de la gigantesca cucaracha de Mimic, de Guillermo del Toro. No. Al menos así lo demuestran las cifras documentadas por Pierre Barthélémy en su blog de Le Monde.

Con el título “¿Cuál es el animal más peligroso para el ser humano?”, presenta una infografía con los siguientes datos anuales, que el autor pone en duda por el alto margen de error que manejan, si bien son los disponibles. Los tiburones matan a 10 personas, como los lobos; leones y elefantes, 100 víctimas; hipopótamos 500 y cocodrilos mil; dos tipos de serpiente suman 4 mil 500 y un caracol de agua 10 mil; perros rabiosos 25 mil y culebras 50 mil. En la cima de la tabla, las dos especies más letales: el propio hombre, con 475 mil personas, y el mosquito, el rey de la clasificación, con 725 mil muertes causadas al año.

Sin embargo, más allá del margen de error, Barthélémy llega a la conclusión que derrumba leyendas. El auténtico Terminator se llama mosquito. A menor tamaño, más peligrosidad. Los registros adicionales consultados por el bloguero imputan al insecto entre 600 mil y 1.1 millones de decesos por paludismo, 14 mil 600 por dengue, más la fiebre amarilla, la del virus del Nilo...

Desde su segundo lugar, el hombre como su propio exterminador es inamovible. En conflictos armados se cuentan unos 55 mil muertos al año y por violencia ajena a la guerra 465 mil, según números de Lancet. Es decir que, razona el periodista francés, acudir a la frase de Hobbes de que el hombre es el lobo del hombre es, de forma llana, un insulto para el cánido.

Si el hombre es su propio victimario, la ferocidad de los pequeños seres de seis patas entre los suyos es mayúscula en su, digamos, mundo normal. José Emilio Pacheco lo escribió en el poema “Tema y variaciones: los insectos”:

“1. El cerceris inocula al gorgojo/ una sustancia paralizadora./ Cuando nacen sus larvas/ encuentran alimento en buen estado/ e incapaz de maniobras defensivas./ 2. El esfex de alas amarillas ataca al saltamontes. /Abre con su aguijón tres orificios,/ pone sus huevecillos en las heridas./ Los esfex recién nacidos se comen vivo/ al prisionero que fue su tierra y su cuna./ 3. Cuando el macho termina de fecundarla/ lo sujeta la mantis religiosa/ con sus patas en forma de cizalla./ Para inmovilizarlo hiere sus ganglios/ y luego lo devora pieza por pieza.”

La belleza de un poema sobre la sanguinaria cotidianidad de un microcosmos en el que también, lo sabe el entomólogo, ocurre el duelo de la avispa pepsi y la tarántula, que gana la primera nueve de cada 10 veces, inyectando un anestésico al arácnido, cuyo peludo cuerpo adormecido será refugio y alimento vivo de las pequeñas crías.

 

www.twitter.com/acvilleda