Fusilerías

Bronces de Balzac

El nuevo museo Soumaya exhibe en su sexto piso varias obras de Auguste Rodin, Camille Claudel y Salvador Dalí. El visitante de la antigua exposición en las instalaciones de San Ángel recordará algunas piezas instaladas en la sede actual, como El elefante espacial y la serie de relojes del maestro surrealista.

Hay también dos pequeñas esculturas de la que después sería una segunda gran pieza de Rodin, representando a Honoré de Balzac, que hoy puede verse en bulevar Raspail de París. La historia de esta obra es singular, porque la primera encargada al artista francés motivó disgusto entre quienes lo contrataron. El novelista está completamente desnudo.

Rechazada la escultura, Rodin se la quedó y trabajó en otra, en la que Balzac luce ataviado de pies a cabeza con un hábito de monje, su cabello en caída doble y el rostro adusto levemente levantado al horizonte. Pero tampoco agradó al exigente grupo, al que respondió el escultor: “¡Es Balzac! No puedo representarlo con ropa de un mortal a pie”.

Las obras pequeñas datan de 1892. La mayor, la exhibida en París, fue dada a conocer en 1898 con un escándalo mayúsculo desatado por la innovadora propuesta de Rodin, casi medio siglo después de la muerte del novelista, autor de una summa, es decir, una obra total que tituló “La comedia humana” y abarca unas 80 novelas y varias piezas de teatro.

Aunque el título de “La comedia humana” no aparece sino hasta 1840, en una carta de Balzac a un editor anónimo a quien algunos estudiosos han identificado, sin corroboración, como Léon Curmer o Armand Dutacq, es entre 1842 y 1846 cuando Charles Furne se da a la tarea de publicar la totalidad de novelas escritas hasta entonces bajo ese nombre.

Sin embargo, este ánimo de ensamble estaba en los planes del narrador desde 1830, cuando reunió dos volúmenes de relatos bajo el título “Escenas de la vida privada”, que se convirtieron en 1834 en un proyecto más vasto llamado “Estudio de costumbres del siglo XIX”. Marcel Proust dijo que leer esa obra es circular por un mundo coherente, cuyo discurso psicológico se revela de forma parcial y progresiva.

Si la Divina comedia de Dante, título que inspiró a Balzac, relata la historia universal de las almas, “La comedia humana” recupera la historia universal de las costumbres e ideas de su época. Sus personajes figuran y desaparecen a lo largo de los distintos libros e incluso Oscar Wilde, consultado sobre la última vez que lloró, confiesa que fue cuando muere Vautrin, personaje indispensable a lo largo de la obra del francés.

Hay que recordar que de hecho hay al menos un diccionario de personajes de “La comedia humana” y un cúmulo de obras de grandes autores que, a la manera de Rodin, hicieron un retrato del gran novelista, cuyo perfil fue tomando con el tiempo un ángulo menos hostil, desde el ensayo inicial de Théophile Gautier hasta el discurso fúnebre de Victor Hugo, quien comparaba la espada de Napoleón con la pluma de Honoré, y la crítica de Charles Baudelaire.

En el cementerio Pére-Lachaise, en París, Balzac tiene la tumba 47, en compañía de Eugène Delacroix (48), Guillaume Apollinaire (86) y Gérard de Nerval (49), un poco más alejado de Proust (85) y Bizet (68), sitio este que, como ya se ha comentado antes aquí, solo tiene señalamientos para llegar a un muertito: Jim Morrison.

En medio de tales personajes, el mausoleo de Balzac es más bien austero. Una base de mármol con el nombre del narrador debajo de una cruz y un busto de bronce, verde por la oxidación, que mucho recuerda la escultura de Rodin en Raspail y las dos pequeñas piezas que exhibe el museo Soumaya en su sexto piso.

 

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