Fusilerías

Dylan, el zurcidor de versos y cantos

Un rapsoda es un recitador de poesía, que por el origen griego de la palabra remite a “zurcidor” y, por extensión, es alguien que hilvana cosas coherentemente, que engarza versos y cantos. En la antigüedad, nos ilustra Ramón Andrés en su Diccionario de música, mitología, magia y religión (Acantilado), rapsodia era el término empleado para describir la acción de ensartar, componer o juntar algo, ya fuera coser una tela, remendarla o unir cosas distintas, lo cual se aplicó al hecho de unir los cantos.

“Se ha sugerido que la expansión de la escritura en Grecia en el siglo VIII antes de Cristo fue esencial por el hecho de que los cantores como el propio Homero escribieran, o la mayor parte de las veces dictaran, sus versos a un escriba, con lo que los textos, por añadidura, quedaban más o menos fijados. Tales poemas, aun siendo de gran extensión, estaban sin duda destinados al canto o a su recitación, y es plausible que en el caso de la Ilíada y la Odisea se hubiera acometido un proceso de ordenación, ensamblamiento y reconstrucción de los materiales a cargo de los rapsodas para darles una continuidad coherente y proceder a su posterior recitado”, escribe Ramón Andrés.

Así que si dos obras cumbres de la literatura, las atribuidas a Homero, estaban dispuestas para el canto, por qué no iba la Academia sueca a otorgar el Premio Nobel a un rapsoda moderno, Bob Dylan, parece ser la argumentación de los miembros de aquel cónclave, después de la polémica que desataron con su anuncio del jueves, si bien se tardaron 115 años en tomar en cuenta ese factor. Porque Dylan, leyenda del rock, solo ha escrito dos libros y ninguno de ellos es la razón por la que fue distinguido. Con claridad se mostró que se trata de reconocer la creación de “nuevas expresiones poéticas en el marco de la gran tradición musical estadunidense”. Es decir, la discografía del nacido como Robert Zimmerman.

El fusilero sospecha que la mayoría de los que hoy aclaman la decisión no la defienden en el terreno de la diferencia entre música y literatura, letras de canciones y género literario, sino por su gusto por la obra folk o roquera del de Minnesota. La mayoría de reflexiones u opiniones sueltas de respaldo parte del convencimiento de que esa escritura, destinada a ser acompañada de música salida de otros instrumentos distintos a la voz, es poética. Son certezas de fans, pues. Del tarareo de las muchas extraordinarias rolas a la fascinación porque su artista favorito de LP, casete, CD y iPod fue entronizado en el salón de los grandes de la literatura.

Abierta la puerta, ya los seguidores de otros rapsodas modernos como Tom Waits o Leonard Cohen se frotan las manos, ya se vieron y los vieron para los años por venir unidos al selecto grupo (aunque los citados son ya gente mayor), y no falta quien empieza a soltar nombres que ponen en su dimensión el fallo de la Academia: Joaquín Sabina, Joan Manuel Serrat et al. Y la pregunta obligada, ¿qué sigue, después de que el año pasado premiaron a una periodista, Svetlana Aleksiévich, y ahora a un músico, porque sus textos fueron considerados literarios por el jurado? ¿Acaso un entrenador de futbol que suela zurcir conceptos deportivos con citas literarias? ¿César Luis Menotti al Nobel 2017, para reparar las omisiones de sus paisanos Jorge Luis Borges y Julio Cortázar?

Es un hecho que por vez primera la obra de un premiado es tan conocida. Es difícil creer que algún otro ganador haya sido tan ubicado a escala mundial, así sea de oídas. Este reconocimiento acumula simpatías insospechadas por tratarse de un músico, de un roquero, de un artista que crea y despliega su arte para las masas, para aficionados a la música y a los conciertos, para gente que así sea analfabeta, puede disfrutarlo y conocerlo, cantarlo y reproducirlo, citarlo aun. Si alguien no había escuchado jamás el nombre Bob Dylan, con seguir las noticias por televisión sabrá que algo sabía de él, pues en su memoria musical aparecerán de inmediato las notas de alguna de las múltiples piezas del cantante, sobre todo porque han marcado a varias generaciones.

Si no defrauda, la piedra rodante Dylan deberá acudir a la ceremonia de premiación con su sombrero, su guitarra y en lugar de dar un discurso o una lectura de sus letras, ojalá ofrezca un memorable concierto en los elegantes salones de la Academia para hacer honor al argumento para su elección.

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