Fusilerías

Ayotzinapa: discurso federal a vaivenes

Leen poco o nada, pero qué bien se les da la interpretación de algunos personajes, sobre todo de la literatura fantástica. Alguien dirá que la doble personalidad les ajusta por bipolaridad, pero sería llevar el tema a un espacio ajeno, como es ese terrible trastorno. No. Aquí el desdoblamiento de personalidad y la alternancia del discurso están más ligados a una estrategia con no pocos tropiezos, a un fallido frente común.

Los personajes principales del gobierno federal están atrapados en el caso Ayotzinapa. Un día interpretan a un investigador puntual que no acepta correcciones a sus parlamentos, ya no digamos de líneas a leer ante una audiencia, ni siquiera de comas. Es la "verdad histórica" y punto. Pero invitan a otro jugador, una comisión de expertos avalada por la Comisión Interamericana de Derechos Humanos.

Este grupo, perteneciente a la OEA, pone en duda uno de los elementos clave de la investigación oficial: los 43 muchachos no fueron quemados en el basurero de Cocula. Los hombres del gobierno se revuelcan del coraje, pero dicen que revisarán los informes y lanzan una tibia defensa de sus conclusiones por medio de un funcionario del Ministerio Público de mediano rango.

La "verdad histórica" se resquebraja no cuando relevan al investigador en jefe, Jesús Murillo Karam, sino cuando otras figuras federales principales van a Washington, sede de la OEA, a decirle que sí a todo a los expertos en cuanto a participación conjunta en la indagatoria, incluida la separación de la fiscalía anticrimen. Un día después, los mismos negociadores niegan que hayan entregado la plaza con el argumento de que solo hay un MP.

Para el acto en curso, el secretario de Gobernación, fuera del discurso de "no quiero líos con la CIDH", por no decir fuera de sí, desdice a sus colaboradores y reclama que si el grupo de expertos rechaza la ya para entonces maltratada "verdad histórica", pues que digan dónde y cómo mataron a los normalistas. La misma tarde del lunes en cuestión, sus personeros intentan bajarle al exabrupto, pero ya es tarde. Y dos días después, el presidente Enrique Peña expresa su reconocimiento al secretario general de la OEA.

¡Qué Jekyll y Hyde ni qué Horla! Qué desmadre se traen.

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