Fusilerías

American Horror Story

Muchos espectadores ajenos a las técnicas narrativas de la televisión, acaso críticos perpetuos de ese medio, vieron con recelo primero y censuraron después la trama intensa de Breaking Bad (Vince Gilligan, 2008-2013), la popular serie estadunidense que, en efecto, no cuenta nada nuevo: la transformación de un buen hombre, un simple hombre, en un monstruo ávido de poder y fortuna, tema popular desde la época de Platón, motivo discordante entre Rousseau y Voltaire.

Mario Vargas Llosa ha dicho que, en efecto, todos los temas ya han sido planteados, por lo que el reto es cómo los contará el escritor, en este caso, el cuerpo de autores del libreto. Es también el caso de otro exitoso drama televisivo, American Horror Story (Brian Murphy y Brad Falchuk, 2011), que el fusilero reconoce haber visto con más de dos años de retraso. Trama de terror y suspenso a máxima velocidad en un suburbio californiano.

Como en el caso de Breaking Bad, esta serie vuelve a situaciones y personajes conocidos desde los griegos. Los creadores, sin embargo, han concebido una historia interactiva entre vivos y muertos a partir de los fantasmas y las desgracias más comunes del american way of life basada en el poco extraordinario suceso de una familia, los Harmon, camino al rompimiento, que llega a habitar una casa embrujada.

El gran acierto de la trama consiste en la reunión de todos los clichés que usted pueda imaginar, de todos los prejuicios, de todas las fantasías y todos los lugares comunes de una familia tradicional estadunidense: por ahí desfilan una médium, un esposo infiel, una esposa devota, una adolescente inasible, una vecina entrometida, una fámula irresistible, un asesino de corte Columbine, una pareja gay, una amante desequilibrada, una menor Down, una casa con ático y sótano, un traje de látex...

El recorrido del turibús en el que se informa a los viajeros sobre la Casa de la Muerte hace una parada obligada en el barrio, la casa donde O. J. Simpson, ex figura del futbol americano, "de seguro" asesinó a su esposa Nicole Brown y un amigo de ella, en 1994, como dice el conductor, si bien es sabido que el ex jugador no fue condenado por ese hecho, sino por el robo de varios de sus trofeos que él mismo había vendido.

Descubrir el orden en la interacción entre ambos mundos, siempre delimitado por las mascotas, no es aquí el elemento que da pie al momento climático del relato, como sucede en Los otros (Alejandro Almenábar, 2001), sino la constante a cada capítulo, en el que las máscaras de los protagonistas van tomando forma. El propio episodio dedicado al Halloween es majestuoso dado el tradicional uso de disfraz vinculado a las víctimas de una también común balacera universitaria.

Dylan McDermott y Connie Britton interpretan a la pareja en desgracia, Taissa Farmiga a la hija inestable y la grandiosa Jessica Lange a la siniestra vecina que todo sabe, todo ve, todo quiere, sexagenaria que colecciona jóvenes amantes y ambiciona un bebé, que peleará con todas sus malas artes, sin considerar la eventualidad de graves repercusiones en puerta.

La serie ha dado pauta a tres temporadas. Por lo menos esta primera entrega y la segunda ya están disponibles en blu-ray y dvd. En una época en la que se imponen los zombis y los vampiros imberbes, quizá sea oportuno echar un ojo a otros espectros clásicos.

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