Voz Ciudadana

Felicidad, bienestar y bien común en los gobiernos locales

A nivel mundial México se encuentra dentro de los países con un Índice de Desarrollo alto (IDH) ocupa el lugar 74 (entre 188 países), lo cual contrasta con los indicadores económicos, que nos ubican como la 15va economía del mundo, es decir el modelo económico, no ha significado que logremos mejorar los indicadores de desarrollo humano, lo cual ya tuvo su impacto en Informe Mundial sobre la Felicidad 2016, México pasó de la posición número 14 al lugar 21 de entre 156 países.

La felicidad se puede considerar como un estado de ánimo, y por ende subjetivo, sin embargo es medible y se encuentra ligado a los diferentes factores políticos, sociales, económicos y culturales, de cada determinada sociedad.

La felicidad hoy es un factor de estudios e investigaciones, sobre todo aplicados para mejorar los entornos y la productividad laboral, así como su impacto en las y los consumidores.

Y no hay mayor entorno social que deba ser estudiado y analizado, a través de indicadores cualitativos y cuantitativos, como es la sociedad en su conjunto.

De esta manera podríamos conocer la correlación, entre realidad y percepción, entre economía, desarrollo humano y felicidad.

Y a partir de ello mejorar y fortalecer las acciones y programas que permitan mejorar la calidad de las personas, y a su vez incidir en la felicidad individual, así como la construcción de entornos más armoniosos, libres depresión, estrés y violencia.

Todo gobierno local debe favorecer, a través de políticas, programas y acciones, la felicidad, el bienestar y el bien común.

La cual debe iniciar desde el interior de la organización gubernamental, y después trasladarlo a través de una efectiva aplicación de planes, programas y acciones de gobierno.

Ello se puede traducir en un mayor rendimiento de la administración pública local, y en la reducción de conflictos y violencia social.

ENTORNOS LABORES ADECUADOS

Cada año surgen diversos estudios que buscan medir el impacto de la felicidad en favor de una mayor productividad, y en un segundo plano, su relación con las y los consumidores.

Construir entornos laborales sanos, armoniosos y de confianza, representa importantes beneficios, que se traduce en que las y los integrantes de la institución o dependencia, se sientan orgullosos de su trabajo (lo cual no va relacionado directamente con el salario), ello se refleja en altos niveles de productividad, mejora lo resultados planteado y sobre todo, genera un mayor compromiso y lealtad entre las y los colaboradores.

Lo que en última instancia se traduce en gobiernos que pueden alcanzar de mejor manera los grandes objetivos trazados.

Lo anterior de acuerdo a estudio "Great Place To Work" (2016), que mide las mejores empresas e instituciones para trabajar.

En dicho estudio no figuró ningún gobierno local, lo que significa que a pesar de ser los pilares del sistema político, no se han interesado en la importancia de construir entornos laborales sanos, y ello es el gran reto para las autoridades electas.

FELICIDAD Y EL BIEN COMÚN, DESDE LO LOCAL

El Índice de Desarrollo Humano (IDH) mide el progreso medio conseguido por un país en tres dimensiones básicas del desarrollo humano: disfrutar de una vida larga y saludable, acceso a educación y nivel de vida digno.

Lo cierto es que no necesariamente hay una correlación entre los resultados del IDH y las emociones y sentimientos sociales, ya que por ejemplo el PIB es una medida macroeconómica, y no refleja los altos niveles de desigualdad, que causan y generan infelicidad, o por el contrario se pudiera tener un buen crecimiento económico, y ello no se traduce en aprobación social sobre su gobierno. Como fue el caso de las recientes elecciones irlandesas, en las que a pesar del envidiable crecimiento del 7%, el partido en el poder, perdió el proceso electoral.

Debemos avanzar hacia la construcción de gobiernos integrales, sensibles a las necesidades humanas, entendiendo que el desarrollo social, va de la mano de la felicidad entre la ciudadanía que gobierna, ahí radica la plena satisfacción ciudadana.

Todo gobierno, comunidades y organizaciones deben contar con datos confiables acerca de la felicidad así como los resultados de las investigaciones sobre el bienestar subjetivo para promover políticas de mejora de la calidad de vida.

Por ello medir la felicidad percibida, en relación con el bienestar alcanzado, es la apuesta de los gobiernos municipales 2016-2020.

La felicidad no solo es acceso, goce y disfrute de los avances económicos, también hay que considerar los factores sociales y medioambientales.

Para medir la felicidad se deben considerar indicadores muy cuantitativos como: salud; Educación; Diversidad ambiental; Nivel de vida; Gobernanza; Bienestar psicológico; Uso del tiempo; Vitalidad comunitaria y Cultura.

Si logramos consolidar una métrica municipal, lograremos dar pasos más firmes, sobre gobiernos, eficaces, eficientes, legítimos y felices. m

"Por una sociedad libre de discriminación y violencia"

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