Voz Ciudadana

Trabajadoras del hogar: entre violencia y discriminación

De acuerdo a los datos, el 20.3% de las mujeres realizan trabajos domésticos están separadas, viuda o divorciada, a diferencia de los hombres que solo representan el 3.8%. Otro dato es que el 78.3% de las mujeres tiene en promedio 2.6 hij@s, es decir, realizan su actividad para sostener a sus hij@s.

Pese a la realización de algunas actividades con motivo del día internacional de la mujer, poco y en menor medida nos acordamos que hace 16 años como resultado del primer Congreso de Trabajadoras del Hogar realizado en Bogotá, Colombia, en 1998 se instauró la Confederación Latinoamericana y del Caribe de Trabajadoras del Hogar y, a su vez, se instituyó el 30 de marzo como el Día Internacional de las Trabajadoras del Hogar, tema que debe colocarse en la agenda pública ya que las personas que realizan esta actividad sufren la carencia de derechos.

Contexto de las trabajadoras del hogar en México

En México no todas las personas que trabajan en el hogar reciben un pago, y mucho menos este es justo y bien remunerado. De acuerdo a los resultados de la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) existen 2.2 millones de personas que realizan trabajos en el hogar, siendo las principales actividades el empleo doméstico, principalmente en labores de limpieza (83%); en el cuidado de personas (8.4%); lavando y/o planchando (4.5%); como choferes (2.3%) y en la cocina (1.1%). Pero lo importantes es resaltar que del total de personas que se dedican al trabajo doméstico, 95% son mujeres, uno de los resultados de los desequilibrios sociales y una cultura de masculinidad hegemónica y patriarcal, en el cual se ha buscado estereotipar a las mujeres a las actividades del hogar.

De acuerdo a los datos, el 20.3% de las mujeres realizan trabajos domésticos están separadas, viuda o divorciada, a diferencia de los hombres que solo representan el 3.8%. Otro dato es que el 78.3% de las mujeres tiene en promedio 2.6 hij@s, es decir, realizan su actividad para sostener a sus hij@s, en otras palabras, no es una aspiración social el querer dedicarse al trabajo en el hogar más bien, por una necesidad de subsistencia, mujeres recurren a trabajos mal pagados y la mayoría de las veces sin contar con derechos laborales, como lo es el digno trabajo del hogar.

Otra vulnerabilidad al que se enfrentan las mujeres es el desplazamiento casi-forzado, ya que por lo menos el 30.8% se desplaza de su lugar de origen para trabajar en otros hogares, dejando a tras casa, amistades y apoyo familiar, lo que las hace presa de posibles abusos.

Sin derechos laborales

De acuerdo a los últimos datos del ENOE, el 96% de trabajadoras del hogar no tienen una relación laboral, solo el 2.2% tiene un contrato por escrito. Y es aquí donde se encuentre el mayor problema, porque el no tener una relación laboral, implica que no tienen acceso a  la seguridad social, ahorro para el retiro, es decir, no cuentan con alguna pensión o jubilación, ello significa que pese a trabajar toda una vida, en la última etapa de sus vidas, nada ni nadie les garantiza que tengan un retiro y una vejez digna.

Debemos impulsar porque las trabajadoras del hogar, e sean sujeto de derechos plenos, laborales y sociales, en igualdad de circunstancias que los demás trabajos y oficios.

El trabajo en el hogar debe ser valorado y dignificado, las personas que realizan esta actividad en específico las mujeres, deben contar con derechos, garantías, así como protección ante cualquier intento de violencia hacia ellas, ya que no son pocos los casos de violencia, acoso y hostigamiento sexual hacia las trabajadoras del hogar.

Videovigilancia en la Comisión de Derechos Humanos de Hidalgo

De acuerdo a algunas fuentes, recientemente con el pretexto de la seguridad pero que más bien es una manera de vigilar y controlar (castigar), retomando a Michel Foucault, “la vigilancia debe ser una mirada que vea sin ser vista”, todo sea para tener un control interior, de ahí que en la Comisión de Derechos Humanos de Hidalgo han colocado cámaras en áreas comunes y privadas para tener un control de quienes entran y salen al mejor estilo de Big Brother (George Orwell 1984), totalitarismo y omnipresencia disfrazada de “seguridad”.

Con esta medida la propia Comisión de Derechos Humanos, está incurriendo en violaciones a los derechos de quienes ahí laboran, cuya videovigilancia bien podría llamarse acoso virtual.

 Ningún gobierno, ningún dirigente, ninguna persona debe atentar contra la dignidad de las personas: No Más Trata de Personas

“Por una sociedad libre de discriminación y de violencia”

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