Voz Ciudadana

Nuevos tiempos, nuevas masculinidades: “No más machismo”

Estamos en un momento adecuado para repensar el camino, para reinventarnos como sociedad, y construir nuevas formas de relacionarnos entre hombres y mujeres.

Si bien, hemos avanzado en materia de derechos humanos, aún queda mucho trabajo y tareas por realizar, aún queda mucho por construir como sociedad. Y uno de los temas que está tomando fuerza en los ámbitos académicos y en el trabajo institucional que se hace para prevenir y atender la violencia de género es el de la masculinidad, o mejor dicho, de las nuevas masculinidades.

Hablar de masculinidad, implica aventurarse a un mar de preguntas, dudas, inquietudes, extrañezas, rechazos, enojos, emociones, y escepticismo. Sin embargo, es uno de los temas que debemos ir visibilizando, y ser colocado en las agendas públicas, y así, ir construyendo sociedades libres de violencia de género.

Nuestro entorno “ha enseñado que ser hombres, es ser lo opuesto a las mujeres, ya que la masculinidad hegemónica se fue construyendo sobre la negación de todo aquello que parezca femenino, ya que lo femenino se considera inferior”. La masculinidad hegemónica, es un constructo social que malamente ha enseñado lo que es ser hombres, el cómo debemos comportarnos, qué tenemos que pensar  y cómo tenemos que manejar nuestros sentimientos.

Son mensajes, encargos, mandatos y roles que hombres y mujeres aprendemos desde que nacemos acerca de cómo debemos de comportarnos.

Esto nos ha llevado al machismo, cuya  ideología impone la superioridad de lo masculino sobre lo femenino y coloca al hombre como centro y eje de todo.

Algunas consecuencias del Machismo son el maltrato contra mujeres, hijas e hijos; violencia en el noviazgo; efectos en la salud sexual y reproductiva, déficit en el cuidado de la salud, sexualidad temeraria, así como una limitada participación en la crianza y/o abandono de las hijas e hijos.

Si queremos un mejor entorno, si queremos lo mejor para nuestras hijas e hijos, deberemos replantearnos como hombres, como es nuestra manera de relacionarnos con las mujeres, y darnos cuenta que somos producto y resultado de siglos de una manera de pensar que ya no responde a la realidad, que no es acorde con los nuevos tiempos.

No podemos basar nuestra forma de ser, fundados en una herencia social, que proviene de siglos de oscurantismo, violencia, conquistas, guerras, luchas, esclavitud, dolor e indignación. Siglos que nos robaron las alternativas de ser diferentes, siglos que nos arrancaron la posibilidad de pensar, y de tener distintas opciones para vivir con plenitud.

Por ello, hoy es el día en que debemos de hacer un alto en nuestro andar y replantearnos el camino a la vida plena. Trabajar en favor de la equidad de género, no es un asunto “de las mujeres”, es un asunto que nos involucra a los hombres por igual, porque las consecuencias de vivir bajo condiciones de género desiguales, repercute por igual, y tiene como uno de sus consecuencias más dañinas, la violencia, que en gran medida es producto y resultado de una cultura patriarcal, basada en la fuerza, el poder y el control.

Estamos en un momento adecuado para repensar el camino, para reinventarnos como sociedad, y construir nuevas formas de relacionarnos entre hombres y mujeres.

¿Porque es importante una nueva relación entre hombres y mujeres?

Porque todas las personas por igual debemos acceder a la justicia, y de manera igualitaria al uso, control y beneficios de los bienes y servicios de la sociedad.

Debemos trabajar para lograr una efectiva participación equitativa de las mujeres en los procesos y toma de decisiones, en los diferentes ámbitos de la vida social, económica, política, cultural y familiar.

No basta con hablar o escribir acerca de la lucha por la igualdad de derechos, responsabilidades y oportunidades para mujeres y hombres, lo que debemos hacer es garantizarlos y ponerlos en práctica, porque los nuevos tiempos implican el reconocimiento de la diversidad sin discriminación.

Nuevos tiempos, nuevas masculinidades.

La construcción de una mejor sociedad es una tarea de hombres y mujeres, y debe realizarse bajo un enfoque de equidad de género, de-construyendo nuestros valores patriarcales, por unos incluyentes, lo que redituará en un cambio de actitudes y conductas, lo cual nos lleva a la necesidad de reformular la forma en que nos relacionamos con las demás personas, con otros hombres, con otras mujeres, con nosotros mismos.

Debemos trabajar para que nuestros cambios tengan incidencia social y política, y se reflejen en la formación de las nuevas generaciones y en la construcción de una sociedad libre de discriminación y de violencia.

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