Voz Ciudadana

México, la triste historia de su democracia: El fraude

Antes de iniciar cualquier dialogo, debate o definición de posturas sobre la discusión de una nueva reforma electoral, primero debemos decir, que toda propuesta debería apuntar hacia una consolidación de la democracia.

Sin embargo, hablar de la democracia en México es referirnos a un proceso marcado por reformas electorales que han buscado dotar de credibilidad, confianza y certeza a los resultados electorales. Y hoy vemos con preocupación que en realidad, en el trasfondo de las reformas electorales se encuentra una elite política, que busca mover sus piezas y cambiar las reglas para mantenerse en el poder: “simular que todo cambia, para que todo quede igual”.

¿Consolidación democrática en México?

El politólogo Robert Dahl mencionaba los atributos de una democracia consolidada, y estas eran: a) autoridades públicas electas; b) elecciones libres y limpias; c) sufragio universal; d) derecho a competir por los cargos públicos; e) libertad de expresión; f) información alternativa y, g)  libertad de asociación.

Bajo estos preceptos podríamos pensar que México cumple con estos atributos, sin embargo el problema no es lo que formalmente se tiene, sino lo que realmente funciona e impera.

El primer punto a considerar, es si tenemos autoridades públicas electas, y bien podemos decir que sí. Sin embargo, la pregunta de fondo es ¿quién decide a las y los candidatos?, en lo formal son los de los partidos políticos quienes a través de procesos “democráticos”, deben seleccionar de entre la sociedad a las personas que aspiren a una candidatura.

En lo real, no se realizan procesos internos democráticos, en los cuales la militancia de manera libre e informada decida a quienes aspiran a un cargo público.

Por lo tanto podemos tener autoridades electas, que no necesariamente son representativas, o ni siquiera cuentan con la experiencia o el perfil que la sociedad necesita.

Elecciones libres y limpias.

En este punto debemos mencionar, que aún no hemos logrado construir elecciones “libres y limpias”, pese a que hemos realizado constantes reformas electorales por lo menos, en los últimos 36 años, -considerando desde la reforma electoral de 1977-. El resultado ha sido la construcción de mejores procesos electorales, sobre todo a partir de la creación del IFE (reforma de 1989-1990). Sin embargo, estos han sido ensuciados por los propios partidos políticos, aquellos que hoy están impulsando una nueva reforma electoral.

Nuestro sistema político presume como virtud la realización de elecciones periódicas, pero ello no significa que sea democrático. El México pos revolucionario se caracterizó por construir un sistema político autoritario, donde un solo partido ganaba prácticamente todas las elecciones, las cuales por ningún motivo se interrumpían.

Es decir, en nuestro país el problema no está en que se realice el ritual electoral –elecciones-, y sobre todo desde la creación del IFE, tampoco lo es la organización de las mismas, ya que en términos operativos y logísticos el IFE ha creado una expertis importante, que le permite tener toda la infraestructura necesaria para organizar las elecciones.

Podemos cuestionar la partidización de los Consejeros Electorales Ciudadanos, derivado de la fuerte influencia de los partidos pero en lo real, el mismo y viejo problema histórico que tenemos, la misma enfermedad de las elecciones en México es: “EL FRAUDE”.

Una grave enfermedad que tenía el partido en el poder, fiel reflejo de un sistema autoritario, y que nos mantenía alejados de la democracia.

Y para ello se pensó en una cura para esta enfermedad, y de esta manera se plantearon diversas reformas electorales. Sin embargo, han pasado 36 años y la cura no ha llegado, por el contrario, hoy los demás partidos también se han contagiado de esta enfermedad, hoy todos viven y conviven con este padecimiento político “EL FRAUDE”.

Por esta razón poco es de esperarse que en un arreglo político entre ellos, logren erradicar el FRAUDE ELECTORAL de nuestros procesos electorales.

Bien podemos decir que nuestro país vive una democracia incompleta, a la cual le falta institucionalizarse o consolidarse.

Para alcanzar una consolidación democrática, México debe transitar por el camino de la pluralidad y la alternancia, si bien a nivel federal, podemos observar que en el año 2000 se considera el fin del Sistema de Partido Hegemónico, lo cierto es que a nivel local, observamos que aún hay nueve estados que no conocen la alternancia, en los cuales, ni todos los partidos de oposición en su conjunto lograrían ganar al partido en el poder.

“Por una sociedad libre de discriminación y de violencia”

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