Tabula rasa

Una nueva literatura

I

Nuevos escritores no significa, necesariamente, literatura nueva. La consolidación de una nueva generación (o, al menos, distinta a la que en cierto punto ha sido hegemónica) no garantiza una perspectiva-otra de hacer o entender la literatura. Implica, claro, una ruptura: violenta irrupción en el universo de los que otrora se sabían (sentían) intocables por la aparente fijeza de sus formas y métodos. Tradición en chiquito que reproduce la ilusión de eternidad. Dicho de otro modo: un grupúsculo que choca con otro que antes nomás ni existía. El fenómeno es comprobable cada tanto: cada diez, veinte años llega alguno que cree romper los moldes. Cada tanto llega uno que cree, de verdad, en la originalidad de sus formas y métodos repetidos desde tiempos inmemoriables; uno que piensa en lo auténtico de su revolución y en la importancia histórica de sus formas de entender el arte.

II

Pero esta novedad no implica un cambio auténtico: la literatura joven, condenada a su circunstancia, termina por adecuarse a un discurso cuyas aguas -pesadas y eternas- terminan por apaciguar el alboroto. Lo mejor que pudo pasarle a Rimbaud fue haberse callado y muerto joven: de haber llegado a los setenta ahora celebraríamos su obra posterior, acorde con el espíritu de época: el de la oda industrial y la elegía finisecular. Su ímpetu quedaría sepultado bajo la sabiduría de un poeta que ha pasado los cuarenta en un mundo donde la moda era morir joven. O no.

III

Llegar tarde a la fiesta no obliga al anfitrión a repetir su rola favorita. Llegar tarde a clase no justifica la ignorancia: si usted cree que peinarse de lado es “moderno”, está perdido. El no haber pisado nunca la playa no lo hace inventor del mar. Lo siento. Estas novedades que se declaran en el no saber de dónde... #classic

IV

¿Nueva literatura? Nada existe, todo está por crearse. Todos hemos sentido el palpitar del mundo en la palma de la mano, las ganas de rasgarse el pecho con un verso que lo ilumine todo, destrozándolo a la vez. Todos hemos sido únicos en la forma de decir lo milvecesdicho. Todos hemos hallado un hilo negro sin preocuparnos demasiado por el otro extremo: ninguno lo hemos jalado lo suficiente, de haberlo hecho nos hubiésemos dado un tiro. O callado. Total.

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