Tabula rasa

El efecto devastador...

The Road es un libro devastador. Siguiendo la tradición de la narrativa cuya estructura se basa en un viaje, recurre al in medias res y sólo sabemos que un padre y su hijo están en un mundo post-apocalíptico: la catástrofe y sus razones nos son desconocidas, sólo sabemos sus consecuencias: un mundo gris, atormentado por continuos terremotos e incendios, donde no hay más aves, ganado o cosechas, donde el mar ya no es azul y un puñado de sobrevivientes lucha por alimento, bebida y refugio. El viaje de un padre y su hijo hacia el sur, es la guía narrativa principal en la que se ponen en tela de juicio asuntos tan poderosos, antiguos y actuales como la fe, esperanza y caridad y la utilidad de Dios, el amor y la posibilidad de la muerte. Con esta obra, Cormac McCarthy ganó, en 2007, el Premio Pullitzer en la categoría de ficción.

The Road es una película devastadora. Basada en la novela arriba mencionada, aborda desde una arriesgada estética pálida y descolorida, la inminente separación de padre (Viggo Mortensen) e hijo (Kodi Smit-McPhee). Lacónica, al igual que la novela, respeta los nudos de la narración de McCarthy, lo que resulta en una cinta de un afortunado ritmo lento y contemplativo. El aliento y el temple de la historia original se conservan y se logran gracias a una certera fotografía y al sensacional score compuesto por Nick Cave.

No es la primera vez que se adaptan, exitosamente, historias de McCarthy: en 2000, Billy Bob Thornton dirigió All the Pretty Horses, y, en 2007 los hermanos Cohen ganaron el Oscar a mejor película por No Country for Old Men.

Las adaptaciones geniales parten de excelentes guiones que nacen de excelentes historias… pero el “efecto” de una película bien adaptada es, por mucho, más devastador que al momento de leerla en el libro. No estoy diciendo, con esto, que las películas sean mejores que las novelas: se trata de lenguajes distintos QUE NO PUEDEN COMPARARSE… Aún así, ambos lenguajes son narrativos, y se sirven, más o menos, de las mismas herramientas para mantener la tensión dramática. En este orden de ideas, una película es mucho más devastadora ya que esa tensión (trágica y desoladora en el caso de las historias de McCarthy) se desarrolla en una sola exposición narrativa: mientras que en la lectura de un libro podemos darnos un respiro (que puede ser de días) luego de un capítulo, un párrafo o una frase inclemente, el buen lenguaje cinematográfico nos arroja un flujo continuo que resuelve toda la tensión en menos de dos horas. De ahí que el efecto de una buena adaptación de la literatura al cine sea, efectivamente, devastador.

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