Tabula rasa

El amor blanco

En el verano de 2007, Dobais Villafana intentó suicidarse. O eso parece. Lo suponemos por la nota que encontramos. Su hermana le sacó una jeringa del brazo. Aunque todos sabíamos, nos sorprendió el atasque. Le gustaba experimentar, sí, pero era inteligente. Un día pedimos polvos por internet. Llegaron disfrazados de sales de baño. Los mezclamos con lo de siempre, y aunque yo sabía que era una irresponsabilidad jugar con una sustancia cuyo efecto desconocíamos, lo hice porque Dobais era de esos que hablan y parece que siempre dicen verdades. Parecía conocerlo todo. Digo era y parecía porque un año después lo encontraron en un hoyo, en una brecha de la carretera: amarrado y con el terror en el rostro. Dicen que lo enterraron vivo. Algo hizo, dijeron los federales, parece una típica venganza. Si le hubieran cortado un dedo o la lengua estaríamos seguros. Tal vez sólo vio algo que no. Tal vez sólo estuvo, en el momento justo, en el lugar equivocado. Dijeron. Y dieron el pésame como se lo habían dado a tantos y no volvimos a verlos. Luego del entierro, su mamá me dio una computadora y unas libretas. Estaba escribiendo algo, a ver si encuentras causas, sospechas. Dejé el aparato y los documentos en la repisa más alta del estudio. Profanar la intimidad escrita de un amigo muerto debe ser traición. Y altísima. Pensaba. Pero aquello se diluyó. Conforme se me fue despejando la mente de humo y polvo, conforme volví a vivir, más o menos, como la gente normal, el miedo menguó. Y la curiosidad, claro, creció. Hasta que fue imposible no leer. Notas dispersas, escritas en el acelere de quien no sabe si se quedará trepado. Algunas hojas de la libreta tienen gotas de sangre. Los archivos de la computadora revelan la magia lúcida del genio que escribe sin pensar: puros maquinazos en coca. Luego de ordenar la naturaleza de notas y archivos, decidí rescatar doce historias, armadas de fragmentos que me parecen afines por la experiencia que narran, por el temple y el caos a que refieren o con el que están escritas.

Eventualmente publicaré algunos textos de Dobais en este espacio. Para empezar, ofrezco la versión íntegra de la nota que escribió aquella noche de julio de 2007, antes de quedarse dormido con la aguja bien clavada en la vena de su antebrazo derecho.

***

Todos queremos estallar consumirnos cagarnos de miedo para que luego la realidad nos sepa lechosamente dulce queremos una aguja para aprovechar la noche y sus bendiciones de arena sus humedades y la piel erizada con la sangre crecida en los adentros crecida como los ríos cuando llueve en el monte y tumba árboles y arrastra venados hasta el mar todos queremos la noche eterna de la vida los tragos y la blanca bendición del vigilante de ojos rojos atento a las variaciones a las burbujas que se elevan hasta apilarse en el tope hasta mojar los labios y explotar dentro haciendo un hervidero que palpita y no encuentra salida más que en el rechinar de dientes la respiración pesada y el galope que nos obliga a caminar y prenderle fuego al mundo todo con la pura mirada que se arrastra hasta hallar asidero en las piernas largas que cuelgan de minifaldas negras columnas erigidas sobre botas con estoperoles y rematadas con la estética ancestral de quien ve el árbol e imagina la semilla todos queremos arder y morir y volver para jactarnos de haber estado entre muertos entre cuerpos mutilados y pinchados perdidos para siempre en el perfecto círculo del disfrute y en el reflejo opaco de los espejos horizontales venir y decir que hemos resucitado y a quien no nos crea ofrecerle las costras circulares sobre la vena y que se atreva a juzgar cuando encuentre la clara visión tras la leche convertida en humo cuando sepa que el amor existe más allá de la lucha por la piedra sobre la cual se erige la desesperanza que venga el mundo a juzgarnos cuando comprenda el polvo somos en polvo nos convertiremos la sangre afilada que corre para estancarse en el pecho la sangre ligera que baja del cerebro y su reconfortante calor sobre la comisura de los labios y no queremos consejos necesitamos la perfección del círculo y más y más porque la juventud se derrumba y la única amenaza es el silencioso destello del amanecer.

@jalfvalba2