Tabula rasa

Transmilenarios

1. Generación del despertar milenario: infancia análoga y juventud en la nube. Fincados en la materialidad, en lo físico de los deseos, cedimos ante la seductora e ilimitada virtualidad. Tuvimos que. Adaptamos nuestro gusto fincado en el objeto a la ilusión perfecta de la pertenencia digital. Fuimos de la unicidad de la “copia limitada”, de la “edición especial”, a la reproducción infinita de archivos, de copias exactas y perfectas. Pasamos del tesoro físico a la biblioteca en la palma de la mano, a la colección resguardada en discos y dispositivos de cada vez mayor capacidad. Y luego vimos cómo esa capacidad de almacenamiento aumentaba hasta volverse inútil. Entonces pusimos atención en la velocidad y no en la memoria: pasamos a una etapa que nos obligó a estar siempre conectados, porque para acceder a lo deseado basta un clic, deslizar un dedo sobre la pantalla.

Pasamos de querer tenerlo todo, a tenerlo todo, a la mera posibilidad de tenerlo todo. Curiosa mutación de nuestros deseos, marca indeleble de nuestra generación: del todo a la nada.

2. Me refiero a las generaciones que despertaron en el tránsito de un siglo marcado por la guerra y la ilusión de progreso socioeconómico (y cuyas décadas finales fueron el agónico canto de un cisne atrapado en la inmundicia industrial de un mundo que progresa cueste lo que cueste), a uno cuyo signo indescifrable es la continua mutación: pura inestabilidad e incertidumbre (porque sus primeros años han sido el derrumbe de los ideales más inmediatos, el continuo esfuerzo por construir un mundo nuevo sobre las bases de otro que se niega porque, aunque cercano temporalmente, es infinitamente distante en la experiencia tecnológica). Generación que tira la brecha para alejarse de aquello que los define desde la prehistoria tecnológica: tan vanguardistas como hace 100 años, pues. Generación del ciclo filtrado tecnológicamente: se sabe igual a todas y por eso se declara única e irrepetible. E insuperable.

3.  Experimentamos el suceso personalísimo de la imaginación, rendimos el debido culto a la imagen (en toda la extensión de la palabra) y asistimos al gozo efímero del instante. Ya no nos preocupa la eternidad porque la hemos visto derrumbarse: lo que creímos estaría ahí sempiternamente aparece ahora bajo el terrible signo del  Error 404 - File not found. Vimos en acción la imaginación que ideó el futuro y tuvimos la suerte de verlo en acción. No tuvimos falsas esperanzas (carros voladores, sirvientas-robot, colonias lunares): nuestro presente es el futuro que nos prometieron: terrible, desesperanzador. Lo que aprendimos de la cultura pop noventista se volvió nuestra terrible realidad: la apatía que se cura con un cañonazo en la boca o un pinchazo en el brazo. Suicidio e intoxicación holográficos, virtuales: mera añoranza de tiempos que vivimos de oídas y en la pantalla de MTV, cuando aún era bueno, decimos.

4. Generación inmóvil a la vista pero capaz de conectar (y descubrir) el mundo en un instante, sin guías ni tradiciones que seguir. Generación que aglutina tres décadas que convergen en el culto irremediable al i-life style, el onanismo de la autopromoción narcisista on-line, el ensimismamiento en oscuros e intrincados pasatiempos, la creencia de oídas en la ciencia y la negación sistemática de todo lo que no sea dosmilista, hasta de nosotros mismos.

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