Tabula rasa

Poesía de antes…

La poesía prehispánica mexicana no sólo ofrece un panorama de las ideas estéticas del pueblo antiguo, también es muestra clara del nivel de abstracción de los antiguos pobladores de América. Y esa capacidad de abstracción refleja, a su vez, una complejidad intelectual propia de las sociedades en plenitud. Me explico: los pueblos que ya han alcanzado un pináculo de desarrollo y estabilidad social, permiten que ciertos de sus integrantes se dediquen a actividades culturales más allá de las de mera recreación para el vulgo.

Perdida en el tiempo, lejana, ajena, producida en otro idioma, entregada a nosotros mediante informantes, traducciones y trabajos eruditos que mezclan conocimientos literarios, arqueológicos y antropológicos, esta poética, con sus propios sistemas retóricos y formas de abstracción y metaforización, pone en nuestras manos una herramienta valiosísima: una concepción completamente original del mundo: una forma nueva de nombrar la belleza, e incluso en las traducciones que conocemos, una musicalidad interesante, basada en la repetición y en la simetría de la composición.

Las imágenes del mundo poético prehispánico, como ya apuntó Ángel María Garibay en su Panoramaliterario de los pueblos nahuas (Porrúa, 1963), y como podemos constatar luego de una lectura, si se quiere somera, de los Cantares de Dzitbalché (INAH, 1965), o de algunos capítulos del Libro de Chilam Balam de Chumayel (Cien de México, 1985), son cíclicas, reiterativas: flores, piedras preciosas y aves exóticas, representan la base de comparación en la poesía mexicana antigua.

Pero, si la imagen y las metáforas prehispánicas están “agotadas”, ¿entonces dónde radica su valor poético actual?, en la historia no dicha, propia de la retórica maya, y en menor grado de la náhuatl, encontraremos un elemento que bien podrían rescatar los escritores y poetas de nuestros tiempos.

Si leemos, el “Kahlay de la conquista”, segunda parte del Libro de Chilam Balam de Chumayel, con la convicción de quien lee ficción, es decir: dimensionando el texto en cuanto obra literaria y no histórica o de valor antropológico, encontraremos los esbozos de una historia que nunca es dicha abiertamente, una historia que no se cuenta del todo: se dan ideas, se rodea, se ofrece un lenguaje figurado para expresar aquello que sucedió y no se dice directamente. Lo importante en el texto maya es el registro escrito de los acontecimientos, las interpretaciones podrán hacerse después, de muchas formas, a través de variadas voces:

Ellos hablan con sus propias palabras y así acaso no todo se entienda de su significado; pero derechamente, tal como pasó todo, así está escrito. Ya será otra vez muy bien explicado todo.

Esta forma de narrar, entre enigmática y hermética, podría representar un punto de unión entre aquella voz y la nuestra.

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Además, no debemos olvidar que más allá de la belleza del canto a la flor, la piedra preciosa y las aves hermosas, los escritores precolombinos, perdidos en el obligado anonimato de una sociedad cuyo valor radicaba en lo comunitario, se preocuparon por tejer sus creaciones con el mismo esmero de quien engarza las piedras de un collar, diseña un patrón en un telar, o labra una escultura gigantesca…: los poetas antiguos sabían que lo suyo constituía una disciplina, un arte…

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