Tabula rasa

Ficciones decembrinas

I

Nos pagan para reventar bancos. Nos contratan para eso. Viene El Artista, así le decimos porque según es un contacto, según trabaja para la tele. Nos paga para meternos ahí, entre la gente, y, cuando me manda un mensaje, reventar los cristales de los bancos. Salimos en la tele, es una buena chamba. Me da el dinero a mí, yo se lo paso a los compas: pura banda de confianza, nos conocemos desde morros. Nos gusta el desmadre y todos son buenos para el trompo.  El Artista dice que nos falta poco para estar en la nómina. ¿Cuál?, le pregunto yo. La nómina, repite. Me dan ganas de soltarle un vergazo cuando me trata de a pendejo. Pero luego luego aclara: Las dos nóminas son la misma. La nómina. Yo ya no pregunto. Mientras caiga dinero está bien. Chamba es chamba. El otro día avanzamos por Cinco y el mensaje me llegó incompleto y no pude leer bien. Se me hizo raro que quisiera que reventáramos la butiq, pero órdenes son órdenes. Le dimos. Ese día llevamos a un compa de un compa, dizque de confianza. Según. Para nada. El chavo entró y se chingó un montón de ropa. Se armó un pedote. Llegó la tira y nos cargó. Yo me identifiqué y di mi contacto. El hijo de puta se hizo mueble: no contestó el celular. Nos cargaron. Yo le expliqué al oficial lo de la nómina. Que es una sola. Pero no me creyó. Pasamos la noche en la galera. Había mensajes escritos con mierda por todos lados, hasta en el techo. ¿Cómo le harán?, le pregunté a mi compa. Sabe, dijo. Ahí estuvimos hasta que nos soltaron porque “alguien” nos había tirado esquina con el varo. Luego me llamó El Artista y me regañó. Que eso no era lo acordado: sólo reventar. Sólo bancos. “Ese” banco, dijo. El mensaje decía otra cosa, le digo. Estás pendejo, me dice. Me encabrona que me traten de pendejo. Estás en deuda conmigo, me dice El Artista. A güevo. No nos iba salir de a gratis salir del bote. Hay dos chambas más, te daré la mitad y quedamos a mano, ¿cómo ves? Le digo que sí, total. Nos vimos antes de la marcha, en la cantina de siempre. Nos dio una como insignia, un listón con una medalla, que por si volvíamos a tener pedos. Pero me pidió otra cosa, Algo especial, dijo. Lumbre. Molotovs. Más ruda la cosa. Va pues. Salimos en la tele y en las fotos de los periódicos. Somos famosos. Como los luchadores: con máscaras.

II

Órdenes son órdenes. En este trabajo uno no puede dárselas de original. Aquí no hay espacio para eso. Lo que dicen de arriba, se hace. Punto. Las órdenes no se cuestionan, se acatan, dice El Jefe. Lo peor que puedes encontrarte es un pendejo con iniciativa. También eso dice El Jefe. A nosotros nos dicen: Carguen con esos; los cargamos. Nos ordenan: Levanten a esa; la levantamos. Ni siquiera decimos, Pero, Jefe, está morrita. No. Hasta embarazadas nos hemos llevado. Aquí no se distingue a la gente, aquí es como en la iglesia: todos entran. El Padre dice que lo que hacemos está mal, pero que alguien tiene que hacerlo. Y pone un ejemplo de la Biblia. Que Dios le pidió a Noé lo de la barca, que era algo ilógico y aparentemente inútil. Pero Noé obedeció, y al final la barca fue buena, porque salvó la vida en la Tierra. Eso dice y lo compara con mi trabajo: Te ordenan algo que parece injusto y cruel, pero a veces uno no está para saber lo que hay más allá, lo que de arriba se planea con nuestras diminutas acciones. Nuestras acciones, hijo, forman parte de un plan superior, y muchas veces nuestro entendimiento no alcanza para comprenderlo. Actúa, dice el Padre, obedece. Haz tu parte. Desde arriba serás recompensado. A veces no entiendo si se refiere a “arriba” de: “Dios”, o a “arriba” de: “El Jefe”. Pero tiene razón. ¿Quién es uno para cuestionar? Uno se gana el pan haciendo preguntas, uno se lo gana haciendo lo que hace. Si me dicen: Agarra a ese que va corriendo, lo agarro. ¿Cómo sé yo que no es ése el que anda reventando cristales? Si lo dice El Jefe, se hace. Si El Jefe dice, ese es el culero, a ese agarramos, a ese le damos. Uno hace su parte para que esto no se vaya a la mierda. Uno colabora. Y uno, además, no puede ser débil. Hay que pisar con fuerza. Hay que pegar duro. Hay que dejar marca. Sin nosotros esto sería un desmadre. De arriba nos llegará la recompensa. El Jefe ya nos mira hasta con cariño. Nos regala cosas, nos da “bonos”. Invita chupe caro. Dice que hay un proyecto, mucha lana metida ahí, pero que no hay espacio para todos. Sólo los mejores. Pero que hay que ser valientes y no sacarse de pedo. Hay que pegar duro, y si lo ordenan, hasta disparar. Que si te toca encender la mecha, la enciendes, sin pa’tras, aunque aquello huela a rayos. Yo no sé. Todos dicen que es una oportunidad de ascender, de ir para arriba. Igual tienen razón. A ver.

@jalfvalba2