Apuntes pedagógicos

La supervisión escolar profesional

Mucho se ha discutido en los últimos años acerca de la función del supervisor y su necesaria preparación frente a los cambios constantes que se viven en el campo educativo considerado como el soporte principal de la esperanza en la realización del país como sociedad moderna y equitativa. Tradicionalmente se ha percibido la figura del supervisor como un funcionario más de la escala burocrática del sistema educativo o de la organización sindical, donde presta un servicio fragmentario. Por otra parte, en los últimos años se abre paso lentamente un nuevo concepto del supervisor como elemento profesional, donde esencialmente su función se orienta hacia el apoyo y asesoría de los procesos pedagógicos con los docentes de su zona escolar, motivado esto, por la incursión de nuevos paradigmas educativos donde el rol de las personas debe ser asumido en otra dimensión. Es necesario, entonces, precisar el significado de este nuevo rol para definir las corrientes que operan desde dentro de la función supervisora y aquellas que, desde fuera de ella, modelan políticas que se oponen al abandono de una posición jerárquica que conviene mantener. Concepciones sesgadas que dan por resultado, a veces, una justificación al bajo desempeño profesional de los supervisores.

La evolución histórica de la supervisión escolar indica que el nivel profesional en ascendencia es un privilegio que se obtiene por la demostrada calidad de quienes ejercen la función, lo que justifica sus retribuciones en aumento progresivo de su autonomía. Es decir, el nivel profesional de un supervisor es aquel que expresa en sus actividades una autonomía que busca alejarse de lo establecido. La autonomía puede ser la oposición al rol de funcionario, burócrata o subordinado. Representa un reconocimiento a la calidad del servicio profesional prestado frente a una necesidad concreta.

Un supervisor escolar en perspectiva de ser profesional, reivindica el disponer de un conjunto de informaciones o conocimientos especiales sobre su función, que aplica con atención a los problemas educativos surgidos en su ámbito de acción. El término reivindicar implica que sus logros serán ganados con dificultades, y para enfrentarlos necesita de la solidaridad colegial de otros supervisores y de los docentes y directivos de su zona. Esta expresión colectiva sobre su función lo llevará a formar colegios profesionales para mantener o acrecentar el nivel de supervisión.

El ser un supervisor profesional entonces, se concibe como un constructor social en el campo educativo, basado en un conjunto de ideas que tienen que ver con la colectividad de los miembros de una zona escolar y con la capacidad de gestión de quien la encabeza. Frente a esto, la supervisión escolar, debe tener la capacidad de recuperar la esencia de su función, quizá en el normalismo de antaño y en el espíritu colegial que existía, para fortalecer su actividad en un contexto que le demanda otro tipo de competencias.

 Dentro de este marco de ideas que intenta comprender la función del supervisor escolar, planteo los siguientes apuntes:

1. El trabajo de un supervisor en una perspectiva tradicional representa el mantenimiento de un sistema educativo obsoleto, donde la actividad burocrática, caracterizada por el autoritarismo y verticalismo en las decisiones, no es otro cosa que elementos constructivos de una figura que ha sido un elemento corporativo y promotor de políticas educativas poco afortunadas respecto a la búsqueda de la innovación y calidad.

2. La función de un supervisor escolar es un cometido serio. Si hay una función difícil dentro del sistema educativo, es la de ser supervisor. Ser enlace entre la autoridad superior y los docentes a su cargo, va más allá de la simple comunicación de las informaciones y decisiones. Tiene que ver con la promoción y ejecución de políticas y modelos educativos, que si no son compartidos, y comprendidos, en primera instancia por el supervisor, seguramente serán condenadas al fracaso.

3. La formación que tradicionalmente tienen los supervisores escolares, es una formación fundamentada en un conocimiento disciplinario, sistemático, adquirido con dificultades en un periodo de preparación que tiene que ver más con la docencia que la gestión directiva. Actualmente la exigencia de formación se orienta a los procesos de gestión, donde la profesionalidad de la función, se convierte en fin y medio.

Como se puede observar, la búsqueda de un nuevo rol en el supervisor escolar tiene que ver con el cuestionamiento a la estructura y determinaciones institucionales. La construcción de un modelo de supervisión abarca la dimensión estructural y personal, en este apartado se busca expresar como ambas dimensiones se encuentran en el ámbito cotidiano, desde el momento en que se llega a la supervisión hasta su desarrollo mismo, siempre en la constitución de aprender a ser supervisor. La experiencia, la interacción social y el refugio en la tradición, son elementos que explican este proceso.

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