Apuntes pedagógicos

Soy profesor normalista

Egrese de la Normal Federal "Valle del Mezquital" de Progreso de O., Hgo. en 1982. Fue de las últimas generaciones cuyo título era de "Profesor", antes de la reforma al plan de estudios en 1984 que elevaba a nivel licenciatura los estudios. Egrese entonces como Profesor Normalista, orgullosamente he dicho siempre. Ser profesor, ser maestro, ha representado la posibilidad de desarrollar una de las labores más comprometidas, exigentes y complejas de la vida: enseñar.

Los estudios en la escuela Normal, me permitió un acercamiento a la realidad de las escuelas primarias. Conocer su funcionamiento y organización. La dinámica de relaciones entre el maestro y los alumnos, entre el maestro y la comunidad, entre el maestro y el director, y entre maestros. Sin adentrarme a un análisis curricular, puedo decir que lo aprendido en cada una de las materias y/o asignaturas, tenía un sentido: proporcionarnos los elementos didácticos para la enseñanza de los contenidos. Los contenidos disciplinares de las asignaturas de ciencias sociales, ciencias naturales, matemáticas o español tenían la esencia de la pedagogía.

Los estudios en la Escuela Normal, en suma, me prepararon para enfrentar la tarea de enseñar, quizá en condiciones favorables, quizá en condiciones adversas (como regularmente es al egreso de la Normal), pero con algo que fortalecemos en nuestros estudios y consolidamos en los inicios de nuestro trabajo: la vocación de ser maestro. Para muchos, la vocación se adquiere en la práctica, para otros se nace con ello y para algunos otros, se adquiere en los procesos formativos. Pienso que tiene que ver algo de todo ello, pero de lo que estoy cierto es que es en la escuela normal donde se tiene mayores posibilidades de adquirirla.

Ser profesor normalista, constituyó para muchos un deseo, por tradición familiar, para tener un trabajo estable o bien "por querer ser maestro". Sin embargo, la desvalorización que se dio a la profesión docente (similar por cierto a estudiar en la escuela normal) en las últimas cuatro décadas comenzó a influir para que la carrera empezara a ser relegada, además de los embates de las decisiones de política educativa de disminuir la matrícula de ingreso. A pesar de ello, la escuela normal mantiene presencia en todas las entidades federativas y en la ciudad de México.

Desde hace poco más de diez años, la escuela Normal está siendo objeto de cuestionamiento a su naturaleza misma de formación inicial de maestros. En los últimos años han ingresado al magisterio miles de personas que no poseen la formación pedagógica y didáctica necesaria para la enseñanza y desarrollo de los planes y programas de estudio en educación básica. En el 2013, con la Ley General del Servicio Profesional Docente se asentó un golpe más al normalismo al establecer que para el ingreso al servicio docente "podrán participar todas las personas que cumplan con el perfil relacionado con el nivel, tipo, modalidad y materia educativa correspondiente; así como con los requisitos que establezca la convocatoria respectiva, en igualdad de condiciones, sin demérito de origen, residencia, lugar o formación profesional" (Art. 24). En días recientes el secretario de Educación Pública, Aurelio Nuño anunció que "la educación inicial de los maestros ya no es únicamente responsabilidad de las Normales. Lo es también, a partir de la Reforma (Educativa), de las universidades. Hoy ya cualquiera que tenga un título de licenciatura se puede presentar al examen para ser maestro y si obtiene el puntaje adecuado puede ser maestro. No es ya el monopolio de quienes estudian en una Normal".

Este tipo de políticas lastima. La educación Normal debe seguir siendo el referente y espacio de la formación inicial de los maestros. Debe mejorar es cierto, pero para ello es necesario establecer políticas integrales que le apoyen a superar sus deficiencias institucionales, de las que la misma SEP es culpable y le ayuden a fortalecer sus procesos formativos y de gestión.

Estudiar en la escuela normal para ser profesor, representa para muchos, con conocimiento de causa, la posibilidad de fortalecer la educación pública y contribuir a mejorar intelectual, física y moralmente a la clase más numerosa y pobre de la sociedad, capacitándola para participar en el progreso cultural.

torresama@yahoo.com.mx