Apuntes pedagógicos

El oficio de ser maestro

Eloficio de ser maestro debe caracterizarse por el pensamiento y la acción. El pensamiento docente se debe orientar en la búsqueda de la libertad. Una libertad que posibilite la transformación de los procesos educativos y sociales. Una acción educativa que no transfiera los conocimientos, sino que cree las posibilidades de recrearlo y construirlo.

Los maestros tenemos la obligación de ser sujetos activos en la historia que vivimos; ser sujetos responsables capaces de conocer y recrear nuestra historia. Una historia que es parte de nosotros y que al olvidarla, nos olvidamos del sentido de nuestro oficio.

Nuestro oficio de ser maestro se mueve en el ámbito educativo y político. Lo dijo Freire “Todo acto educativo es un acto político”. Pensemos nuestro oficio en la posibilidad de desarrollar enseñanzas que se funden en el diálogo horizontal, dejando de lado nuestra arrogancia pedagógica. Enseñanzas que generen aprendizajes que liberen y formen el pensamiento de los sujetos, como un acto pedagógico pero también como un acto político para encauzar nuevos sentidos en la vida social.

Ser maestro implica cierto grado de rebeldía. La búsqueda de un pensamiento emancipatorio así lo demanda. La tarea docente entonces, tiene parte de su esencia en abatir lo dogmático y el pensamiento hegemónico, la dominación ideológica, dirían los teóricos marxistas. Ser maestro implica un actuar coherente y una posición ética ante el acontecimiento cotidiano y el conocimiento.

El oficio de ser maestro es complejo y multidimensional, porque su práctica es social, pedagógica, institucional, cultural y política. La complejidad de ser maestro se expresa en la necesidad de comprender, explicar, contextualizar, problematizar y conceptualizar el acto educativo cotidiano en las escuelas, donde la tarea de los maestros se tensiona entre la exigencia profesional y la exigencia laboral. ¿Cómo pensar en desarrollar prácticas educativas innovadoras, incluyentes, democráticas y de calidad en condiciones desfavorables, institucionales y sociales, que caracterizan a las escuelas en nuestro país? ¿Cómo pensar en un oficio docente eficiente y pertinente  en un contexto de política que promueve la evaluación de desempeño con sentido punitivo?

La tarea del maestro, debe desarrollarse en ambientes institucionales idóneos. La idoneidad de las instituciones para la enseñanza y el aprendizaje, entonces, debe ser la primera en evaluarse. Las condiciones institucionales de infraestructura, situación laboral, salario, número de alumnos, equipamiento y estímulos en un nivel idóneo, son sin lugar a dudas, necesarias para una práctica educativa mejor. El oficio de ser maestro es desarrollar una práctica educativa con sentido. Una práctica educativa, recordemos, se desarrolla con seres humanos, niños, jóvenes o adultos, que merecen nuestro respeto y toda nuestra responsabilidad, preparación y gusto por la enseñanza.

El oficio de ser maestro, también es atrevimiento. No cualquiera se atreve a enseñar. La enseñanza exige responsabilidad y ética, preparación científica, física, emocional y afectiva. La tarea de enseñar, requiere compromiso, compromiso profesional con la educación y la sociedad. Compromiso profesional expresado en su tarea docente como generador de cambio y transformación, donde se funda las bases para la construcción de una sociedad más pensante, democrática, plural e incluyente. Compromiso profesional donde los caminos son posibles para repensar el andar y proyectar utopías de cambios. Compromiso profesional donde el diálogo se constituye en una forma estratégica para alcanzar el aprendizaje y dar a la enseñanza el valor social que debe tener.

El oficio de ser maestro implica la lucha contra el dogmatismo, corporativismo y charrismo sindical, así como el arbitrio y el autoritarismo en su ámbito de acción. Dignificar la tarea docente es el sentido de esa lucha. Romper con el aislamiento pedagógico y político, es un asunto pendiente de los maestros. La colectividad emerge entonces como un dispositivo de rebeldía ante la imposición de formas de enseñanza, formas de gestión, modelos educativos, pero debe tomar un sentido de creación y re-creación para encaminar su actuar hacia la reflexividad y crítica.

Finalmente, el oficio de ser maestro, debe ser reconocido y valorado socialmente. Evaluado si, en su sentido pedagógico, no político. Debe ser apoyado en generarle condiciones propicias para un mejor desempeño. La esperanza es que las administraciones educativas y las políticas que se generen, establezcan estrategias para estimular la tarea docente, en ambientes de libertad y desarrollo del pensamiento. Gracias a todos los MAESTROS y MAESTRAS de México que dignifican su labor en el día a día, FELICIDADES en su día.

torresama@yahoo.com.mx