Apuntes pedagógicos

Modernidad y educación

Sin una definición clara sobre el surgimiento de la modernidad, hay un consenso de que se inicia en el siglo de la Ilustración, ligado a las ideas racionales de transformación de la naturaleza y progreso social, mediante el desarrollo científico y tecnológico y su aplicación en la vida económica y social (Hargreaves, 1998). Hoy en día, la modernidad se pone en entredicho, se habla del fin de la modernidad o crisis de la modernidad.

El dominio que el hombre logro sobre la naturaleza y su historia es la expresión de la modernidad en máximo desarrollo. Superar las antiguas formas de pensar por creencias que configuren un pensamiento moderno, es sin duda una forma de proyectar la trascendencia de lo tradicional. El hombre entonces es un sujeto dentro de la naturaleza y sociedad y no un objeto. La naturaleza y sociedad se transforman para el servicio del hombre, se asumen con un sentido instrumentalista, característico del pensamiento moderno.

La modernidad entonces, es posible concebirla en un sentido de emancipación y dominio, así surge. Como un dominio racional sobre la naturaleza y la sociedad. Tal vez por ello se menciona que ha entrado en crisis. La degradación del ambiente frente al avance tecnológico e industrial así lo demuestra. Se observa una mayor tendencia hacia deshumanizar la labor del hombre en sus distintas manifestaciones. El campo educativo, es muestra de ello, al considerar a los docentes como problemas e instrumentos, y no como solución y propuesta. Esta dominación se expresa en forma liberal o autoritaria, pero en cualquiera de los casos, la intención es el sometimiento hacia la voluntad de otros, todo en nombre de la razón.

Por su parte Touraine (1999) plantea que la idea de modernidad, es la afirmación de lo que el hombre hace y que esto debe ser ligado a la producción, organización de la sociedad y a la vida personal. En otras palabras, este tipo de relación expresa el triunfo de la razón, que establece una correspondencia entre la acción humana y el orden del mundo, entre la ciencia y sus aplicaciones, entre vida social e individualidades. Frente a esto, existe el cuestionamiento de que si el progreso es en realidad la vía para lograr la abundancia, la felicidad y la libertad, planteamientos que constantemente han sido desmentidos por la historia.

En este sentido, se reconoce a la modernidad como producto histórico y resultado del desarrollo de la sociedad civil, el capitalismo y la industria, posteriores al renacimiento, que se muestran en una nueva organización social, que se expande hacia esferas culturales diversas.

Llegado a este punto de análisis, se reconoce que el desarrollo siempre fue una obsesión de nuestras naciones para salir del atraso y la dependencia. Abrazaron distintos paradigmas que, al margen de sus diferencias, guardaron siempre una coincidencia: el mejoramiento económico y social. La modernidad ofreció entonces, esta posibilidad de progreso continuo de la ciencia y la técnica, la división del trabajo industrial y la intensificación de la labor humana, así como la dominación de la naturaleza. La modernidad enfatizo la capacidad de los individuos de pensar críticamente, ejercer responsabilidad social en el mundo, con un afán de iluminación, razón y libertad. En esta perspectiva, Wallerstein (1998) afirma que el "ser moderno" era el presunto triunfo de la libertad humana contra las fuerzas del mal y la ignorancia. Era una trayectoria de progreso tan inevitable como la del avance tecnológico. Pero no era un triunfo de la humanidad sobre la naturaleza sino sobre sí misma. La modernidad de la liberación que se oponía a la modernidad de la tecnología, en suma una modernidad de realización humana.

Hasta ahora, hemos percibido que la modernidad está ligada a la industrialización y al capitalismo, he de aclarar que el primero de ellos es planteado en un sentido de referencia a las relaciones sociales que trae consigo el empleo generalizado de la fuerza física y de la maquinaria en los procesos de producción, mientras que el segundo se entiende como sistema de producción de mercancías, el mercado y la transformación de la fuerza de trabajo. Apegado a estas ideas, la modernidad va ligada a la racionalidad instrumental.

Si reconocemos entonces esta constante de movilidad en nuestros tiempos, respecto a la cultura, sociedad, economía y política, es pertinente y necesario que los involucrados en el campo educativo nos situemos en este marco de discusión. La concepción de escuela ha cambiado, los roles docentes se plantean desde una innovación, las instituciones se transforman. Esto lleva a modificar las ideas, los valores, las concepciones y las prácticas educativas de los distintos actores, entre ellos, el del supervisor escolar, las cuales se han pensado y realizado en forma diferente a raíz de la implementación de políticas que responden a modelos de gestión más gerenciales.

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