Apuntes pedagógicos

La lealtad: dispositivo para ascender a supervisor

Como parte de la Reforma constitucional en materia educativa de 2013, se estableció que los puestos directivos y de supervisión sean sometidos a concurso de oposición. A casi dos años de dicha reforma, los ascensos a estos puestos siguen dándose mediante mecanismos discrecionales, es decir, es necesario el auxilio de las relaciones sociales con personas que ocupen puestos clave, tanto en la parte oficial como en la sindical, que se tuvo que haber construido a lo largo de la trayectoria profesional.

Es al interior de las zonas escolares donde parece iniciarse la construcción de redes de amistad y lealtades hacia la figura del supervisor. El director de escuela no sólo juega el papel de subordinado, sino que se convierte en elemento incondicional a las propuestas de trabajo del supervisor, a sabiendas claro, que esto será retribuido en un futuro con permisos, privilegios, preferencias, etc., en actividades de la zona. Así, se puede decir, que un supervisor escolar nunca está sólo en una zona, siempre tendrá compañeros que compartan su visión y ejecuten sus propuestas, y los directores de escuela son los más cercanos a esta posibilidad. Sandra Nicastro (1997) observa en ello una especie de vínculo que se establece entre el director y el otro que desea que sea como él. Menciona que es un sentimiento de lealtad hacia quienes aparecen en el lugar ideal. Lealtad que lleva un doble circuito de cumplimiento:

•  Cumplir con los deseos de otros y llevar adelante su proyecto y modelo de escuela.

•  Cumplir con la expectativa de los otros sobre uno mismo y, por ejemplo, ser director como aquéllos esperan que lo sea.

Para lograr este tipo de expectativas e intereses, los supervisores emplean diferentes estrategias, como, por ejemplo, la creación de alianzas y coaliciones, el regateo y el compromiso para la acción. La identificación de las estrategias y la selección de las más adecuadas para cada situación requieren de diversas habilidades en los actores, condición que desarrollan en cuanto más practican.

La lealtad se reconoce como un acto de razón y de inteligencia, la cual es derivada de la observancia de la normatividad y las instituciones que rigen la vida educativa en las escuelas, y que se recurre a ellas para desarrollarla. Si bien, un supervisor no puede obligar a un docente a serle leal, casi siempre hace un llamado a su responsabilidad institucional para que con su libre elección, este consciente de ello. La lealtad entonces, responde a elementos culturales donde el director comprometido trata de “ser fiel” a las personas y a las formas de interacción y participación de su zona escolar. Las lealtades a una cultura sindical de esta naturaleza, entonces, son construidas desde el nivel de la escuela misma, y un director de escuela sabe, que mientras no existan proyectos alternativos que modifiquen sustancial y estructuralmente la vida sindical, las “relaciones” cercanas con quienes ocupan posiciones clave en el sindicato, son indispensables para cumplir con sus deseos de ascenso, y el supervisor es elemento clave en ello.

Como se puede advertir, una zona escolar es, desde la perspectiva de las relaciones de poder, un campo educativo donde se configuran distintos espacios de poder, conformados por un conjunto complejo de estructuras y relaciones formales e informales, organizadas bajo una determinación institucional que le asigna a los sujetos que cohabitan en ella, distintos roles y status. Menciono la complejidad de estas estructuras, porque en ella se imbrican actividades académicas, administrativas, sociales y laborales. En el caso de la supervisión de una zona escolar, es vista por los maestros como un espacio de poder en sí misma y como un espacio de relaciones y de complicidades que establece con la delegación sindical. Se constituye así un espacio de poder más amplio que representa para los involucrados una fuerza en la toma de decisiones y determina las formas de participación en la zona. Esto constituye un punto de partida para la construcción de lealtades. Es así, como en la cotidianeidad de las relaciones entre el supervisor escolar y los docentes de su zona escolar con quienes ha establecido una serie de compromisos mutuos, la lealtad aparece como un valor importante para el desarrollo estable y provechoso de la vida escolar.

En este contexto, las lealtades se expresan en las redes sociales establecidas, con sus códigos, normas, interpretaciones y acuerdos institucionales, que sustentan la política de lo que sucede y de lo que puede suceder. Se entremezcla lo laboral y formal con lo personal e informal para decidir acuerdos de trabajo.

En la búsqueda del ascenso, el director aparte de ser leal, tiene que actuar en su entorno y sobre la realidad que lo rodea con sus propias capacidades personales y recursos de que pueda disponer. Estos elementos le pueden permitir ampliar su ámbito de acción y con ello tener mayores posibilidades de lograr sus objetivos. Sin embargo, el punto clave, que es la cultura sindical oficializada. Las relaciones y lealtades construidas se pueden convertir en el peor obstáculo cuando sea supervisor.

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