Apuntes pedagógicos

El gobierno de la educación

Las reformas educativas últimas en México, han intentado la modificación de la dinámica y modalidad institucional con la que se administra la educación, La descentralización educativa de 1992 se dio en un contexto en que las políticas neoliberales se implementaban con gran fuerza en toda América Latina, la descentralización hoy en día no se pensaría igual. La recuperación de la nomina educativa para el control federal es una expresión de que algunos elementos pensados en 1992 no ofrecieron los resultados esperados. Parece ser que ha llegado el momento de que ampliemos la mirada sobre nuestro sistema educativo y nos preguntemos sobre la pertinencia de sus procesos de gestión, los procedimientos empleados, pero también sobre las condiciones institucionales que lo caracterizan y las políticas que se implementan.

Cuando apunto la necesidad de ampliar la mirada, me refiero, a la necesidad de abandonar el enfoque de simplicidad que percibe a los procesos educativos y a las instituciones desde un ámbito gerencial para transitar hacia un enfoque de complejidad que considere al fenómeno educativo y al sistema desde una comprensión sociopolítica y cultural. Es importante situar a la educación en un marco integral de gobernabilidad social, superando la sectorización que domina actualmente. La educación debe ser vista en su integralidad.

Hoy en día se busca instaurar un modelo de gestión institucional que pondera la autonomía de las escuelas y el cambio de roles de los responsables de los establecimientos educativos. Los maestros necesitan actualmente de un referente pedagógico fuerte, que les de confianza en su quehacer cotidiano; necesitan un referente sólido de prácticas de gestión exitosas y no únicamente modelos que le son ajenos, no contextualizados; pero sobre todo, necesitan un referente de solidez institucional, que tenga claridad en sus objetivos, metas y estrategias. La política que se implementa, si no genera la confianza debida puede provocar efectos no deseados, uno de ellos será el de la desconfianza hacia el maestro y la escuela pública.

Considero oportuno reflexionar sobre el fenómeno educativo y nuestro sistema, sus procesos y sus actores, con la finalidad de definir las dimensiones problemáticas institucionales, profesionales y escolares, con la intención de reorientar esfuerzos hacia la atención de los desafíos que tenemos en puerta. Uno de ellos, es el referido a la gobernabilidad del sistema educativo. Para Javier Bonilla (2004) el concepto de “gobernabilidad” comenzó a ser de curso habitual en los trabajos de sociología y de ciencias políticas a partir del planteo de una serie de interrogantes sobre el futuro de la democracia y del Estado de Bienestar en los países desarrollados. Desde el punto de vista teórico vino a agregar, a las dos dimensiones tradicionales que caracterizaban el concepto de democracia moderna; el de “legitimidad” y el de capacidad de “representación”, una tercera dimensión que, en sus inicios, tenía algo que ver con la noción de “buen gobierno”. Hablar entonces de gobernabilidad en educación, tiene que ver con la instauración de modelos y prácticas democráticas en el terreno educativo, que de manera lógica se relacionen con el ámbito general de la política social, es decir, sean parte de una integralidad de nuestro sistema de vida.

Emilio Tenti (2004) nos recuerda que “cuando se habla de la cuestión del gobierno se hace referencia al gobierno democrático, participativo y orientado hacia la construcción de una sociedad más rica, más justa y más libre. Pero muchas son las dificultades que enfrenta este continente para encontrar un camino de desarrollo sostenido con inclusión social y democracia participativa. Es en este contexto problemático y contradictorio donde hay que gobernar la educación. Por lo tanto, se trata de discutir los márgenes de posibilidad y los dispositivos más adecuados para gobernar a la educación hacia esos fines socialmente valorados”.

Por lo anterior, no puedo más que coincidir con los dos grandes ejes de la propuesta de Dubet (2004) para el tránsito hacia un mejor gobierno de la educación, a saber:

a) Articular autonomía de los actores educativos con un control central de la educación, para que la educación siga siendo un sistema nacional integrado. En un contexto como el latinoamericano, signado por las fuertes desigualdades sociales, el centro tiene la responsabilidad de transferir recursos, definir contenidos básicos nacionales, evaluar resultados del aprendizaje en sus múltiples dimensiones y garantizar condiciones de trabajo homogéneas a las diferentes categorías de trabajadores y profesionales de la educación.

b) En segundo lugar, el centro del sistema tiene que ser un “instrumento de integración social” para darle a todos los niños de una sociedad las competencias y los conocimientos a los cuales tienen derecho para convertirse en ciudadanos activos y autónomos”.

torresama@yahoo.com.mx