Apuntes pedagógicos

La evaluación externa de proyectos

En las tareas de la Universidad Pedagógica Nacional-Hidalgo se considera que como institución de educación superior desarrolle la evaluación externa de proyectos institucionales. Al respecto, recupero lo que Martha Gpe. Amador, escribe sobre ello.

La evaluación como campo de estudio se ha fortalecido durante las últimas décadas del siglo pasado y se le identifica como una tarea inherente para la mejora de los procesos educativos que pretenden ser de  calidad.  Si bien tuvo como punto de partida la evaluación de los aprendizajes en las primeras décadas del siglo XX,  su foco de atención se ha diversificado y  generado la producción de  debates conceptuales y metodológicos  que la han situado como una disciplina social en construcción, cuyo dinamismo ha impactado todos los ámbitos y elementos del campo educativo. No obstante, aunque todavía enfrenta el reto de superar una serie de puntos críticos de  distinto orden, su protagonismo como elemento central en la toma de decisiones y en la definición de política educativa,  es una realidad (Carrión, 2001).

La evaluación en el desarrollo de políticas nacionales ha tenido un dinamismo sin precedente a partir de la década de los años  90´s  nivel internacional y nacional. Tal como lo reconoce Tiana (1994) la evaluación educativa ha estado presente en todos los ámbitos de las reformas educativas de los países latinoamericanos. Particularmente en nuestro país se le reconoce como una línea de acción sustantiva desde  la Modernización Educativa hasta la  Reforma constitucional en materia educativa actual cuyo propósito es  elevar la calidad de la educación.

En este contexto,  las evaluaciones externas  se constituyen  en una  herramienta de singular valía ya que son realizadas por agentes externos o independientes  a los programas que se pretenden evaluar. (Weiler, 1979).  A diferencia de las evaluaciones internas que son realizadas al interior de los programas y/o proyectos por sus propios integrantes, las cuales podrían estar sesgadas por un tinte de subjetividad producto de  la implicación de los involucrados, las evaluaciones externas pretender arribar a valoraciones objetivas basadas en los principios y criterios de las verdaderas evaluaciones. Es decir, su propósito  es la  construcción de una estrategia de evaluación sistemática e integral  que permita arribar a valoraciones suficientemente sustentadas.

Las evaluaciones externas se fundamentan prioritariamente en los principios de neutralidad y objetividad cuyo propósito es trascender los juicios de valor subjetivos, asistemáticos y/o anecdóticos. Tales principios son los que marcan la diferencia entre las verdaderas evaluaciones con las pseudoevaluaciones y cuasievaluaciones definidas por Stufflebeam (1989).  En este debate  se puede advertir que  lo que marca la diferencia entre éstas últimas con la primera es el posicionamiento y explicitación de los criterios,  fuentes, procedimientos utilizados en la evaluación,  además del uso que se le da a  los resultados.  Tales elementos en su conjunto  hacen alusión al carácter ético y político que subyace a la  evaluación sobre el que  descansa su valor potencial y transformador.

Entre los sustentos de la evaluación externa se recuperan los principios y criterios  considerados por Stufflebeam para llevar a cabo evaluaciones sistemáticas. Desde este posicionamiento la evaluación se concibe como “el enjuiciamiento sistemático de la valía o mérito de un objeto” (Stufflebeam, 1989). En este caso, la evaluación de un proyecto desde una perspectiva integral; considera entre otros elementos: la valoración del diseño y su implementación, así como los  resultados obtenidos.  Lo anterior  supone identificar en cada una de estas etapas la construcción de  juicios  fundamentados en la utilización de procedimientos objetivos y sistemáticos para la obtención y análisis de la información, así como la explicitación de las perspectivas de valoración utilizadas en la interpretación de los resultados.

En este proceso, cobra relevancia el carácter ético como un constructo dinámico y activo, el cual  se sostiene en  los principios fundamentales de la evaluación: veracidad, belleza y justicia (House, 2000). Tal posicionamiento nos remite a identificar a la evaluación como una actividad que produce juicios de valoración o enjuiciamiento, que si no están debidamente fundamentados generan poca credibilidad y utilidad.  Por lo cual es necesario construir y consensar de manera permanente los  valores y los juicios de valor planteados por los responsables de la evaluación.

torresama@yahoo.com.mx